
El pasado lunes fue el Día del Libro. Una fiesta que en Barcelona, y en general en Cataluña, se celebra especialmente. Un día en el que el tiempo suele acompañar, y que es algo extraño, al tratarse de un día festivo siendo laborable. Bonita la tradición de regalarse libros y rosas. Ciertamente, la gente adopta como muy propia, y cada año el 23 de abril se lanza frenética a la calle. Siendo un día muy bonito, encuentro el modelo al borde de la saturación.
Pasear ese día sigue siendo muy agradable, y me he acostumbrado a regalar rosas a precios de orquidea, pero lo de comprar el libro empieza a parecerme grotesco. ¿Tengo que hacer una cola larguísima o abrirme paso a empujones para encontrarme ante una mesa en la que se repiten los mismos libros todo el rato?. Ya he dimitido de eso.
Oí una vez que viendo la biblioteca de una persona se puede saber mucho de ella. Añado que si no tiene, también. La mía es bastante variada, creo. En la foto, una parte. Tampoco es cuestión de que sepais demasiado.

