
A la generación de mis padres les causó un gran impacto el asesinato de JFK. He escuchado alguna vez a mi madre o a mi suegra comentar que se acuerdan perfectamente de lo que estaban haciendo cuando se enteraron. Yo tengo recuerdos muy claros de lo que estaba haciendo el 23-F, el 11-S o el 11-M, fechas tan importantes que es suficiente con el número y la inicial del mes, no hay ni que poner el año. Como aquel chiste que contaba Eugenio: -Hábleme del dos de mayo -¿De qué año?. Recuerdo otros momentos históricos indiscutibles, como la caída del muro de Berlin o el inicio de la Primera Guerra del Golfo. Antes todo el mundo la llamaba la Guerra del Golfo a secas. Por desgracia ha habido, sigue habiendo, otra, que tuvo su momento icónico con la caída de la estatuta de Sadam.
Hace poco se cumplieron diez años de la muerte de Lady Di, momento histórico para muchos, equivalente de los 90 a lo de JFK tres décadas atrás. Las muestras masivas de dolor y condolencia, en un exceso un tanto obsceno, tampoco son patrimonio de nuestro tiempo, y ahí está por ejemplo el caso de Gardel, cuyo entierro fue también multitudinario. Gardel, Kennedy, Diana, gente que muere joven, de manera violenta e inesperada, que generan conmoción y un despliegue mediático desproporcionado.
Aunque recuerdo, como decía, momentos históricos mucho más importantes, me enteré de la muerte de Diana en un lugar insólito. En misa, en una iglesia de Harlem. En Nueva York. Era domingo. Subimos al autobús por la Avenida Madison, dejando Central Park a un lado. De manera gradual van bajando blancos y van subiendo negros. No hay más turistas despistados que nosotros. En pocos minutos pasas del lujo del Upper East Side a un paisaje mucho más agresivo, con descampados y edificios semiderruidos. El punto de destino era más concurrido y agradable, cerca de la iglesia, la histórica Abyssinian Baptist Church. Hicimos un poco de cola, los feligreses locales, abajo en platea, los turistas en los laterales. Cantó el coro, y fue un rato estupendo. Luego vino el sermón, en el que se habló de las gangs, de la TV y de los talk shows para negros (la verdad, no recuerdo si hablaban de afroamericans). Luego en un discurso más largo pudimos entender que se refería al passing away of lady daiana, poor children, we will pray for them. Después vino otra tanda de espirituales. Y recuerdo el estupor. Más que nada por lo inesperado del anuncio. Y porque no dijo death, que se entiende, pero eso del passing away … ¿Habremos entendido bien?. Luego ya lo confirmamos, leyendo un periódico ajeno en el Metropolitan, otro punto obligado de visita. La Embajada británica estaba muy cerca de nuestro alojamiento, así que pudimos observar la repercusión mediática inmediatamente, esa misma tarde. Muchas cosas, esta es una, se te quedan grabadas por donde estás cuando te suceden.


