
Esto del Halloween ya me ha pillado mayor. O sea que no le veo ni maldita la gracia. Me parece un ejemplo más de colonialismo “cultural”. No es que sea gran defensor de las tradiciones, la mayoría me parece que se convierten en rituales sin mucho sentido, pero aquí ya teníamos la castanyada. No es que sea nada de mucho glamour, pero aprovechando que el 1 de noviembre es fiesta, la noche antes existía (existe) la tradición de comer castañas y boniatos, con moscatel y nosequé mas. Ya digo que no soy mucho de tradiciones, pero esta la acataba, porque no te obligaba a nada absurdo y sobre todo artificial.
A los niños les gusta, les encanta. Está claro que es más atractivo disfrazarte de vampiro o esqueleto, y salir a pasear por el vecindario con los amigos a ver si te dan caramelos que quedarte en casa en la mesa comiendo castañas. Para ellos es algo ya incorporado a su ritual, como los reyes o los carnavales. Lo que me dejó el otro día asombrado es el negocio que se mueve ya en torno a esto. Jugueterías, tiendas de disfraces y partes de otras muchas de otros sectores, como librerías o floristerías, se vuelcan con esta fiesta, la gente compra adornos para la casa, velas, chocolatinas con forma de calabaza, todo tipo de trajes y complementos, como guadañas o dientes de vampiro. Y es que al final ese es el tema. La Navidad queda lejos y hay que encontrar algo para gastar el dinero entre el final de las vacaciones y la subida de lo que será luego la cuesta de enero.
Había un chiste que decía “si un catalán se tira por la ventan tírate detrás que hay negoci“. Yo diría que si los yankees inventan una fiesta, impórtala que hay business seguro. De aquí a pocos años todos comeremos pavo el día de acción de gracias. Al tiempo.
