
Ser de un grupo de música es como ser de un equipo de fútbol. Uno no sabe muy bien si lo elige o lo eligen a él, y en general es un sentimiento que dura toda la vida. La fidelidad al grupo es menos exigente que al club, porque se puede ser de varios a la vez. Pero siempre hay alguno que te gusta que gane a los demás, hasta en los amistosos. Por eso, cuando el grupo del que me hice más o menos con 16 años, más de dos décadas después saca un disco como el que acaba de sacar saca la semana que viene, uno no sabe si ponerse de rodillas o subirse al techo de un coche a gritar. Un disco lleno de canciones nescafé, clásicos instantáneos, y frases que uno puede repetir cualquier día, como la que he puesto de título.
Este año aprovecharé para intentar hacer turismo musical, como en 2005 que aprovechando que el concierto de Roma era un sábado, le regalé a mi señora un viaje de fin de semana con entrada incluida. Maquiavelo me aplaudió desde la tumba. Este año intenté adelantar ese viaje al periodo promocional. Un concurso de un canal de televisión -no digo el nombre, estoy enfadado con ellos- premiaba con un viaje para dos a Londres este mismo fin de semana para ver al grupo en una actuación televisiva muy restringida. Había que mandar una foto del participante relacionada con el grupo y escribir un texto explicando porqué debía ser uno el elegido.
Jugué sucio. Empleé a un menor. Mandé una foto con mi hijo mayor, los dos con camisetas de la banda, enseñando la reciente portada de la revista Q, con un par de discos en la mano, y él con las gafas que daban en la película estrenada en 3D. Mandé un texto que visto retrospectivamente, con mirada de talibono retrospectivo, era más un Fez/Being born que un Beautiful day, que era lo que demandaba el concurso. El eterno debate ¿perder siendo fiel a un estilo o renunciar a los principios y ganar?. Lo tengo clarísimo, hubiera bailado La Macarena en el Telediario si eso me hubiera garantizado el premio. Ahora hubiera tachado un par de cosas, pero me sigue pareciendo bien. En fin, me salió un texto ligeramente críptico, con referencias para iniciados, y que al final le deja a uno reconfortado porque aunque perdimos, mantuvimos el estilo tácitamente. El que da por hecho que sus lectores son inteligentes.
“Podría dar una razón de imagen corporativa, creo que Rtve no habrá enviado a Londres mejores representantes desde Massiel en el 68. Nosotros en vez de La la la cantamos hey hey sha la la o si hace falta sha la la la de dei.
Pero hay otras razones. Como puede verse, en casa nos gusta U2. A mí me llaman Mc Guinness -el otro día oí rumores de que no era porque manejo todo el cotarro-. Mi hijo, en la foto, de mayor quiere ser The Fly. El pequeño quiere ser Mc Phisto. La parte de diablo ya la tiene bien encarada. No ha salido en la foto porque se ha ido a telefonear a Buckhingham Palace. Dice que va a avisar que a lo mejor el viernes vamos a cenar. Si le cuelgan canta Ultraviolet. Y, bueno, no sé si decirlo, no quiero que esto parezca chantaje emocional, pero … ¡es que The Fly me ha dicho que las gafas de U23D no se las piensa quitar hasta que no se lo diga Bono!”.
