Hay un tipo de negocio que si de mí dependiera no sobreviviría. No es que si yo mandara lo fuera a ilegalizar, o que aunque no mandara, que no mando, fuera a hacer una cruzada en su contra, es que no pondría jamás los pies allí. Me vino esto a la cabeza el otro día leyendo sobre la existencia de una tendencia de tiendas pop-up, aunque yo las llamaría fast-shops. Ponían ejemplos de tiendas de comidas de gatos que se convertían en restaurantes felinos. Y digo yo que eso funciona (si funciona) en época de superabundancia, donde la gente ya tiene más de lo que necesita. Hay cosas cuyo único valor añadido es la originalidad, que no es poco, pero que al mismo tiempo tampoco es para tanto. Una vez allí ¿qué?. -Oh, he llevado a mi gato a comer a un restaurante para gatos que antes era una tienda de comida para gatos. Ni siquiera contarlo es emocionante.
No hace mucho estuve un día de diario junto a la playa, cosa que no suelo hacer. Iba a comer por allí y paseaba asombrado por la cantidad de gente que había. Era en septiembre, quizás octubre. Las hordas de turistas llegaban en autocares y eran descargados en manada. Pasé por fuera de un sitio que por dentro es un iglú. Un bar de hielo. Te pones una chaqueta (polar) y te tomas tu cerveza o tu copa a temperatura de cubito. Seguro que hay gente a la que le hace gracia eso. A mí desde luego, ninguna.
No sé si diletante es la palabra más indicada, pero me gusta como queda el título. Seguro que hay gente a la que no le hace nada de gracia. Seguro que son de los que se toman una copa en un bar iglú y les gusta la experiencia.
1. Persona que se dedica a un arte o ciencia por diversión, sin vocación.
2. Persona cuya ocupación es la mera recreación en el arte.
3. Vividor sibarita.

