
Uno de mis detectives favoritos es Bernie Gunther. Me acerqué a su autor a través de otras obras. En concreto, empecé con Una investigación filosófica, que recuerdo que compré porque me gustó el título, lo que decía la contraportada, y era de una colección, la amarilla de Anagrama (Panorama de Narrativas, lo he tenido que mirar, es mucho más descriptivo la amarilla de Anagrama) que ya me ofrece confianza por sí misma. El caso es que antes de llegar a Bernie todavía me leí unos cuantos libros de Kerr (Esaú, El infierno digital, A tiro, Un plan quinquenal …), a veces mejores, otras peores, pero siempre bastante entretenidos. Como denominador común, unas tramas bien desarrolladas, a veces con un exceso de suficiencia-algún asomo de pedantería innecesaria-, y por lo general alguna que otra escena de sexo bastante infame, tanto en su ejecución como en la gratuidad de muchas de ellas. Me alegra no ser el único con esa opinión: el autor, con cierta capacidad de reirse de si mismo -la foto, tomada este verano en una librería londinense, también demuestra que tiene un sentido del humor muy british- decía hace poco, al recibir el premio de novela negra RBA “hasta ahora sólo me habían dado un gran premio, esa clase de premios que sólo pueden dar los ingleses, el Bad Sex in Fiction”, concedido por Literary Review – la revista del temible Auberon Waugh– a la peor descripción de una escena de sexo y que tiene a Tom Wolfe y a Norman Mailer en su palmarés”.
A todo esto aún no he hablado de Bernie. Desde que conocí a Kerr a mediados/finales de los 90, me había interesado la llamada trilogía Berlin Noir así que me llevé una gran alegría cuando apareció en edición de bolsillo hace unos cuantos años (si no recuerdo mal, fue la primera vez que se publicó traducida). Devoré uno detrás de otro Violetas de marzo, Pálido criminal y Requiem alemán. Cada una de ellas ambientada en una época muy concreta (respectivamente, el momento en que los nazis llegan al poder, el inmediatamente anterior al estallido de la Segunda Guerra Mundial y finalmente en la Europa de posguerra), y con evidentes referencias a nuestra memoria cinematográfica: M el vampiro de Dusseldorf o El tercer hombre, por ejemplo. Bernie Gunther es un gran personaje, un tipo decente en medio de la indecencia, un duro que recibe unas buenas palizas, un cínico con grandes dosis de ternura. Esa trilogía es brillante. Se asienta sobre la figura de Bernie y una ambientación muy lograda.
De manera sorpresiva hace poco apareció un cuarto libro de Bernie Gunther, y luego un quinto. Con mi apego al personaje, me lancé sobre Los unos por los otros, que me dejó un poco frío. La trama, muy interesante, en torno a la red Odessa y las vías de escape de los criminales de guerra, tenía demasiados giros inverosímiles, demasiadas situaciones de esas que uno se creía cuando las leía en el Jabato o el Capitán Trueno, en que el héroe estaba a punto de morir siete veces por historieta, y siempre al final de página, porque aparecían en entregas -no sé si semanales o quincenales- y había que tener al lector en vilo. En cambio, Una llama misteriosa recupera el pulso. Coexisten dos historias, una con Bernie más viejo en la Argentina de Perón, la otra con unos oportunos flashbacks en la Alemania de los 30, el terreno donde mejor funciona, sin duda, esta serie Berlin Noir. Espero con gran interés Si los muertos no resucitan.





