Después de los dos curas, los tres guiris. Mis viajes en vagón de tren –de cercanías- son fuente de inspiración. O ya me queda muy poco que contar de fuera o ciertamente –parafraseando a Bogart en El halcón maltés- esos viajes son del material del que están hechas las entradas de Tácitamente. Fue el martes, me subí al tren –de cercanías- con destino al Camp Nou. Iba a ver –aunque entonces no lo sabía- una lección de fútbol. Yo iba ligero de equipaje, solamente llevaba un bocadillo. Iba al fútbol, así que no tenía el libro o periódico que suelo llevar siempre. No está bien visto entrar en un estadio con lectura bajo el brazo. Una vez fui cacheado por ese motivo. Les parecí subversivo, sospechoso de pensar por mi cuenta. El ir sin nada me permitió escuchar sin disimulo, solamente algunas miradas al vacío de vez en cuando. No necesitaba disimular que leía. Eso cansa mucho, lo sé por experiencia.
En la siguiente parada se sentaron tres guiris en los asientos libres que en la otra historia ocuparon los dos curas y la chica aburrida. Esta vez eran dos chicas y un chico, de veintipocos años. Los tres extranjeros. Él era americano, de Nueva Orleans, según deduje luego. Fácilmente podría formar parte del reparto de High School Musical. Five years later. Las chicas europeas, una francesa, se le notaba el acento al hablar inglés. Y tenía una tos de fumadora que creo que solamente puede tener una chica francesa. La de mi lado –de nuevo tuve que mirar de reojo- tenía menos acento, así que no supe bien de donde era. Holandesa quizás, que esos hablan tan bien inglés que se les entiende todo y no se deduce su origen. Las dos rubias, las dos muy guapas. La francesa de tos espeluznante –si hubiera sido médico la hubiera auscultado allí mismo- una belleza de portada de revista. La de mi lado, una belleza con personalidad, más interesante.
Hablaban de fútbol, iban a ver el partido no se donde. Yo estuve a punto de intervenir, “pues yo voy al campo”. Pero no me pareció apropiado, al fin y al cabo no tenía mucho más de diez minutos de viaje, así que decidí callar, y escuchar. En seguida el joven guapete intervino a favor del fútbol americano. Resulta que tenía abonos para los Saints, que desde el Katrina para aquí se habían convertido en un equipo vincente, como decía Capello (obviamente, la expresión la traigo yo, el joven Chip seguro que no sabe ni quien es Capello). De ahí deduje yo que era de Nueva Orleans. La belleza francesa, entre bostezos –siempre me tocan chicas aburridas cerca- se puso a enviar mensajes de móvil. La belleza interesante y Chip siguieron hablando, él explicaba los rituales de los días de partido, con barbacoa incluida. Se pusieron a hablar de la Superbowl. La belleza interesante, genuinamente interesada, yo creo que en Chip más que en el football, le preguntó cómo llegaban los equipos a la final de la Superbowl. Chip empezó a explicarlo, un sistema complejísimo, tuvo que coger un papel y todo. Se pasó minutos tratando de buscar de donde salían esos finalistas, trazando un cuadro en que intentaba llegar a determinar como las eliminatorias de equipos que venía de ligas diferentes podría desembocar en un partido final. La rubia interesante y la rubia de belleza de portada se pudieron a hablar. Chip seguía en lo suyo. Llegó mi parada y me bajé, no sé como acabaría la cosa, pero creo que perdió una gran oportunidad. No puedes aburrir a una rubia interesante. Game over, Chip.

