
Como todo el mundo sabe, viajar en avión se ha convertido en un coñazo, incluye tener que pasar por unas medidas de seguridad mayormente absurdas, y en general sentirse tratado de manera indigna. Nosotros al fin y al cabo lo sufrimos cuando vamos al aeropuerto, pero en algunos sitios lo de la seguridad es un poco exagerado. En Inglaterra, por poner un ejemplo aleatorio, llaman la atención varias cosas. Primero, la abundancia de cámaras de seguridad por la calle. Hasta mi hijo pequeño se dio cuenta, de hecho se dio cuenta él antes que yo de la gran cantidad que había. Luego otros detalles: en muchos lugares públicos han eliminado la papeleras. Eso se nota especialmente en las estaciones de tren. No hay papeleras, ni bancos donde sentarse. Supongo que quieren evitar que los terroristas se sienten a descansar. Eso genera situaciones cómicas. Lo viví un par de veces en King’s Cross. Los trenes se anuncian según van llegando a la vía que corresponde, con una antelación que a veces no llega ni a diez minutos, así que la gente está de pie, agolpada en el hall hasta que sale su tren en pantalla, y entonces la riada humana se dirige a la vía que toca.
De todos modos, lo que más me llamó la atención en materia de seguridad fueron carteles como el de arriba, que cogí en el aeropuerto el día que llegué. Toda una apología de la sospecha y de la delación. “No confíes en los otros, si sospechas, informa”. Supongo que al final lo que nos puede salvar es el sentido del humor, como el del que se molestó en hacer un cartel exactamente igual al auténtico en su diseño -hasta poniendo el numero de contacto real-, pero de contenido ligeramente más irónico.











