Archive for 26 septiembre 2006

El bar Rosellón

septiembre 26, 2006

Todos tenemos un bar favorito, un sitio al que hemos ido mucho tiempo, o con suerte podemos seguir yendo. El mío era este. Un bar de pueblo en el centro de Barcelona, lleno de humo y de olor a frito, con camareros del Madrid, que hablaban de fútbol con vehemencia, que parecían siempre enfadados, que te preguntaban cada vez qué ibas a tomar aunque siempre pidieras lo mismo, con una clientela variopinta, abueletes jugando al domino, obreros de la construcción tomando la cerveza de las diez de la mañana, o tipos trajeados tomando el cortado (o carajillo) en la barra. Un sitio en el que más de una vez entré a las cuatro de la tarde del viernes, para hacer la quiniela con los amigos, y salíamos de allí a la una de la mañana, hora de cierre. Un bar, en el que a diferencia de aquel famoso de la serie de TV, nadie sabe tu nombre, aunque te tuvieran más que visto.

Supongo que sería por la progresiva jubilación de los camareros, o por los efectos inevitables de la Ley de arrendamientos urbanos en este tipo de negocios. El caso es que un buen día el bar cerró. Después de sus correspondientes obras, ahora es un bar de tapas de esos que predomina por Barcelona, y supongo que todas nuestras grandes ciudades, apto para bastantes bolsillos, con comida decente (eso lo deduzco, porque obviamente nunca he entrado ahí), pero escasa personalidad. Ya hacía tiempo que no iba, pero cuando ví el cartel de “cerrado para siempre”, no pude evitar sentir cierta pena. Por eso me alegré un día que pasé por allí y algún nostálgico había hecho esa pintada. Me gustó tanto que hasta le hice una foto.

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Breve encuentro

septiembre 12, 2006

Era el puente de Todos los Santos de 1990, en un viaje relámpago a Londres. No era muy tarde, pero sí era muy de noche. Mi amigo y yo paseábamos por una de esas calles del Soho, perpendiculares a Oxford Street. Hicimos una pausa al ver una pequeña alfombra roja, con una limousina esperando. Solamente estaba el chófer. No recuerdo si preguntamos a quien esperaba, yo diría que sí. A lo mejor solamente esperamos un poco más, porque no tardó mucho en aparecer. La mujer que aparece en la foto era su hija, recuerdo que con voz nasal preguntó “Daddy are you tired?”, y daddy no sé ni si contestó, porque se le veía efectivamente cansado. Yo estaba allí, al lado de ese hombre legendario pero no me atreví a decir nada. Subió al coche, mi amigo pudo sacar la foto, se fue. No sé que hacía allí, si recogería algún premio, o trabajaba en ese Nostromo que dicen le ocupaba cuando murió en abril de 1991 a los 83 años. No me extrañaría que fuera una de las últimas fotos de sir David Lean. Éramos cinco personas: el fotógrafo, el genio, el chófer, la hija y el curioso. A unos veinte metros, un corrillo de diez o quince personas observaban con gran interés como la grúa se llevaba un coche. Cosas de Londres.

Tócala otra vez, Hal

septiembre 6, 2006


Lo ha vuelto a hacer.

Hal Willner, productor musical, ha vuelto a agrupar a un buen número de conocidos artistas bajo un proyecto común. En este caso, canciones de piratas.

Aún no he podido escucharlo, pero experiencias previas demuestran que el trabajo de Willner en este sentido debe tenerse muy en cuenta, y para muestra, aquí os dejo dos discos, de Kurt Weill a Disney, con Lou Reed, Tom Waits, Sting, y un largo etcétera.

Lost in the stars: The music of Kurt Weill

Loss in the stars
No es un disco para cualquier día, ni para todos los públicos, pero engancha mucho.

Stay awake: ¡Disney rocks!

Stray awake


En este disco, espectacular el I wanna be like you de Los lobos, de la película El libro de la selva, y majestuoso el Cruella De Vil de los Replacements.

Otras dignas de mención: Tom Waits hace suya la canción de los enanitos de Blancanieves, que nadie espere esa cosa festiva, sino más bien un rollo oscuro, propio de una mina, y Michael Stipe canta con Natalie Merchant de 10.000 Maniacs el Little April Shower de Bambi que le pega bastante.

** Los nombres del archivo tienen un pequeño cambio, por lo que eufemísticamente podemos llamar safety reasons

El club de los villanos y el eje del mal

septiembre 6, 2006

Hace apenas un par de años pasó bastante desapercibida entre las brillantes propuestas de la Pixar, o esas joyas de la animación, derroches de imaginación, que vienen de Japón, este estreno de la Disney cuyo punto de partida es a priori interesante.

“El encuentro más esperado de la historia se produce cuando Mickey invita a los más malvados villanos de Disney a una fiesta en su club “House of Mouse” en la noche de Halloween, para mostrarles divertidísimas historias de miedo.Pero Jafar prepara un malvado plan: con la ayuda de Cruella, Hades, Úrsula, El Capitán Garfio, Maléfica y el resto de los villanos de Dsiney, intentará convertir el club de Mickey en el “Club de los Villanos”. Podrán Jafar y el resto de los villanos que darse con el “House of Mouse”? ¿Se lo impedirán Mickey, Minnie, Pluto y Goofy?”.

Debía ser finales de 2004 cuando la ví en el videoclub. Pensé que a mi hijo mayor, que entonces estaba a punto de cumplir 5 años le parecería interesante, sabiendo que tanto el capitán Garfio como Cruella De Vil ocupaban, junto a la madrastra de Blancanieves su podio particular de malvados. Nunca llegué a comprarla, alquilarla o descargarla, ni a verla. En pocos meses, Darth Vader primero y los sith en conjunto a continuación, pasarían a ocupar el puesto de honor. Pero algo me había quedado marcado. Los villanos nunca vienen solos.

Casualmente, la película, concebida según parece como un especial para el Disney Channel, es de 2002. El 11 de febrero de 2002, la revista Time publicaba un artículo de Massimo Calabresi, cuestionando la realidad de la amenaza del eje del mal: THe Axis of Evil. Is It for Real?.

La expresión “eje del mal” –axis of evil suena incluso más inquietante-, parte de la misma premisa que la película de Disney: los villanos actúan en grupo. Fue acuñada según parece por Michael Gerson -acompañado por David Frumm-, cuya función debía ser parecida a la que cumplen Toby Ziegler y Sam Seaborn en la tan excelente como maltratada por los programadores El Ala Oeste de la Casa Blanca.

Se estrenó en el discurso sobre el Estado de la Unión pronunciado por W en enero de 2002. Irán, Iraq y Corea del Norte fueron amenazados, y puestos en ese saco común.

Eje del mal es una expresión que, además de su innegable plasticidad, evocaba entre otras cosas la Segunda Guerra Mundial, y la actuación concertada de los villanos. En aquel caso, Alemania, Italia y Japón. Para mantener el paralelismo había que buscar tres enemigos, dos eran pocos, y cuatro demasiados. Siria no podía ir en ese saco porque no podía dar la impresión de tratarse meramente de una operación antimusulmana. De ahí la presencia norcoreana. El artículo de Time, entre otros muchos, aparte de negar la premisa básica, no había eje porque los villanos señalados no actúan en concierto, cuestionaba seriamente la realidad de la amenaza. Como mi hijo, ellos también optaban por La amenaza fantasma, antes que por El club de los villanos.

Mientras, leo en la prensa de hoy mismo que Montilla ficha como escritor de sus discursos para la inminente campaña a un guionista del equipo de Buenafuente.

Paris desde el río

septiembre 6, 2006

La última vez que ví Paris fue la semana pasada. Hablando con propiedad, también era la primera. La había visto de lejos -en autocar, camino de Londres-, pero nunca había estado. En un viaje aprovechado al máximo, pude al menos captar parte de lo que es esa ciudad. Tres días no dan para mucho, menos si se viaja con niños, que lógicamente condicionan, pero cumplí escrupulosamente el catálogo de tópicos.Entre ellos, el viaje en Bateau por el Sena.

Vaya por delante que en relación a este tipo de cosas yo soy muy escéptico, sobre todo a priori, porque luego tengo que confesar que no me disgustan. Por ejemplo, arrugo la nariz sistemáticamente cuando mi mujer propone algo como un simple paseo por el puerto de Barcelona en las viejas golondrinas. Luego no lo paso mal.

En este caso, sabía que no me iba a escapar, así que adopté una táctica más práctica. Aceptar, sin fingido entusiasmo, que el paseo por el Sena era inevitable. Era sábado, 26 de agosto, por la tarde. La cola para subir a la Torre Eiffel era de más de una hora, y ya habíamos caminado un buen rato, así que no quedaba otra que el barquito.

Mi mujer se había fijado en unos en concreto, muy glamourosos, los llamados Bateaux Mouches, que ¡oh que pena! no salían hasta las 20.30. Eran las siete y pico y era demasiado tiempo de espera, así que yo me fijé en otros, menos modernos, ciertamente, más baratos, y con un público en la cola de espera que indicaba que las Vedettes de Paris, eran la alternativa cutre al tema. Después de hacer una cola en que se nos coló un grupo de treinta escandinavos que coparon la parte alta del Lutetia, la joya de la flota, pues era en parte cubierto, logramos situarnos en una zona relativamente buena.

Empezó así el crucero, de una hora, media de ida, media de vuelta al mismo punto de partida. Dignos de mención, el sistema de megafonía de sonido nefasto, que al ofrecerse en tres idiomas, francés, inglés y español, hacía que la referencia al edificio de la derecha se oyera tres minutos después de verse, y los cristales interiores que me atrevo a decir que nunca habían sido limpiados.

Estuvimos un rato en la proa, fuimos pasando por los diversos puentes, mientras observámos la numerosa comunidad clochard, los bailarines de tango, y otra fauna variopinta que llena las orillas del Sena. De entre todo me quedo con el recuerdo imborrable de la solidaridad entre Bateaux. Prescindiendo de que éramos sin duda el barco de la clase baja, éramos saludados con alegría por los más pudientes, aquellos que se arreglan y se visten de punta en blanco para gastarse no menos de 200 euros (mode hipérbole off) por cabeza en una cena, y que luego, al parecer a falta de cosas mejores que hacer -o sin duda víctimas de la lentitud de servicio tan carácterística de Paris, ahora ya lo sé, como el propio Sena- se entregaban con entusiasmo a saludar a los demás.

Y para acabar una canción, que habla de Bateaux precisamente, de los de verdad, de los de Tom Sawyer, de los que van por el Mississipi. En el Sena también hay de esos, claro.

Canta Shelby Lynne, Where I’m from, de su disco I am Shelby Lynne que subiré un día de estos a la sección Listen to me now.

Heaven knows this ain’t no margaret mitchell
Where the oak trees meet the pines
I know it might sound kinda simple
Oh but it’s mine oh it’s mine

Thought I heard a logman cuttin’ timber
Down the mississippi line
I’m up the old tombigbee river
High as the pines, all the time

Elegamment les batos passant
Ben on la flota vec du van
All I’m trying to say is i’m
Never far away from
Alabama frame of mind

Jubilation risin’ on the bayou
Celebration in the wind
Father pat gives benediction
Cross the coden bridge again

Crickets spreadin’ rumors by the shoreline
With the lonesome lady whine
Crab trap full of nothin
I’m high as the tide, all the time

http://rapidshare.de/files/32022144/01-Shelby_Lynne-Where_I_m_From.MP3.html