Archive for 31 enero 2007

Síndromes: de Stendhal a Nikon

enero 31, 2007

Siempre me pareció muy curioso que existiera el llamado síndrome de Stendhal. Hace ya tiempo el turista medio sustituyó ese por el que yo he bautizado como síndrome de Nikon. Dispara cuantas mas fotos puedas.

Nos dice la wikipedia que “el síndrome de Stendhal es una enfermedad psicosomática que causa un elevado ritmo cardiaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones cuando el individuo es expuesto a una sobredosis de belleza artística, pinturas y obras maestras del arte. Tiene esta denominación por el famoso autor francés del siglo XIX, quien dio una primera descripción detallada del fenómeno que experimentó en su visita en 1817 a Florencia”.

<> El síndrome de Nikon en cambio se caracteriza porque el turista apenas aprecia lo que está mirando, intenta disparar tantas veces como pueda, y hace esperar a la gente cuando saca fotos de recuerdo que, no me cabe duda, van a caer en el olvido  en muy poco tiempo. La generalización de cámaras digitales ha contribuído a su propagación, alcanzando en la actualidad peligrosamente la frontera que separa el síndrome de la epidemia.

He sido testigo de ello varias veces. La primera, la que más recuerdo, delante del Big Ben, era oscuro, pasa un autocar de turistas japoneses, sin detenerse, del que salen decenas de flashes. Lo he vuelto a ver delante de la Pedrera en Barcelona, y no dudo que pase en muchos otros sitios. Peor es en los museos, donde al parecer hay mucha gente que no va a ver lo que hay sino a hacer fotos.

Para esta vez he tenido dudas sobre qué foto poner, y al final me quedo con esta, algo paródica, pero al fin y al cabo, el síndrome de Nikon no deja de tener su gracia.

I am Shelby Lynne

enero 23, 2007

En Paris desde el río, historieta inaugural de este blog, hacía una referencia final a Shelby Lynne, y a una canción, que hablaba de bateaux del Mississipi. Es relativamente grande el número de visitas que llegan aquí, vía buscador, atraídas por los cantos de sirena, de la sirena del Mississipi, así que aquí pongo este disco, uno de los que tengo de ella, pero creo que sin duda el mejor.

Conocí este disco a través de la revista Uncut, que en un número ya antiguo lo nombró disco del mes. Además, poco después o poco antes, regalaba un CD en el que venía una canción del mismo, Leaving, en un estupendo especial sobre Americana, y donde descubrí a gente como Calexico o Josh Rouse -lamentablemente, me centré en Shleby y me olvidé de él, aunque por fortuna lo rescaté más tarde.

No es su disco debut, pero sí una especie de reaparición por todo lo alto. Este era su sexto disco, y con él se llevó un Grammy al Best New Artist, que digo yo será mejor artista revelación. A mi juicio, en su totalidad, un disco excelente. Disfrútalo.

Luke, soy tu padre

enero 21, 2007

Hay frases que pasan a la historia, aunque en realidad nunca se dijeran. Igual que Ilsa no dijo nunca “Tócala otra vez Sam”, las palabras que pronunció Darth (nadie le llama así, todo el mundo le llama por su nombre y apellido, como si Darth no fuera lo suficientemente distintivo) fueron “no, yo soy tu padre”, obviamente mucho menos propicias para convertirse en frase célebre.

Soy bastante seguidor de esta saga. Por razones de edad y calidad, básicamente de la trilogía original. De la primera recuerdo el tumulto que había en el cine el día que fuí. Eso y que la ví, nada más. Del Imperio contraataca, donde la ví, con quien, y sobre todo la sensación al salir de que había ido a ver una película que acababa preparando su continuación. Y eso no me gustó nada, así que hasta hace poco no me he reconciliado del todo con ella. También recuerdo cuando y con quien fuí a ver El retorno del Jedi, y la razón que tenía aquel amigo mío que poco después rebatía mi entusiasmo y criticaba la infantilización que suponía la entrada en escena de los Ewoks. Con el paso del tiempo he visto varias veces cada una de ellas, y siempre me convencen.

La nueva trilogía me ha dejado un sabor agridulce. Menor calidad, pero reencuentro con viejos conocidos, o con mundos lejanos pero a la vez muy nuestros. No fuí al cine a ver La amenaza fantasma ante las críticas que recibió. Así que con bajas expectativas, cuando la ví en casa, en DVD, en versión original, no me disgustó tanto. Otro tanto me pasó con la extraña El ataque de los clones, que combina algunos momentos buenos, sobre todo los de ese ambiente Blade Runner, con una historia confusa, y muchos diálogos sonrojantes. Finalmente fuí a ver La venganza de los Sith al cine. Fuimos los cuatro, y a mitad de película -el pequeño se aburrió y se lo llevó su madre- quedábamos dos: mi hijo mayor y yo. De toda la película recuerdo dos cosas. La estupenda escena con estética de filme de gangsters donde van aniquilando a los Jedi, y la conversación con mi hijo. “Tengo pipi” “Pues vamos” “No, que me la pierdo” “Pues nos quedamos” “No, que no aguanto. Bueno, ya me la comprarás cuando salga en DVD”. Nos perdimos apenas un minuto de película.

Al final es verdad que, como dice George Lucas, es una historia de un padre y un hijo. De “Luke, soy tu padre”, a “Papa tengo pipi”. La saga de Star wars resumida en dos frases.

Pintar un bosque

enero 13, 2007

No hace mucho estuve en Bilbao y alrededores. Entiéndase esta afirmación en su sentido más estricto y literal. Fue solamente un fin de semana largo, salida viernes tarde, llegada lunes tarde, pero que cundió bastante. Dio tiempo entre otras cosas, de ver el Guggenheim, y de recorrer la costa, de Mundaka a Lekeitio un día, de Mundaka a Bilbao, otro.

Practicábamos el improturismo. Planeando sobre la marcha, improvisando. Está bien, y más en un viaje corto, levantarse sin saber a donde ir, ni donde comer, ni nada. En un sitio como ese, sale bien. Puedes comer en cualquier sitio, o ir en una u otra dirección, que seguro que aciertas. Fue muy grato en el camino a Lekeitio, cerca de Gernika, el pasar por sitio donde había un cartel que decía “bosque pintado”. Dando la vuelta unos metros más adelante, en esa operación que se repite varias veces cuando uno está fuera de casa y no conoce el camino, nos encaminamos hacia allá. Aparcamos en el restaurante que hay abajo, reservamos hora para un rato más tarde -un acierto pleno dada la buena comida y lo que se llenó- y empezamos a caminar. A los 20 metros nos avisaron que podíamos seguir en coche casi hasta arriba, que si no, con niños era demasiado.  Gracias al consejo llegamos en perfecta forma al bosque pintado, árboles pintados siguiendo un camino, un itinerario bastante libre. Un sitio con mucho encanto, y sobre todo una idea muy original y estupendamente ejecutada por Agustín Ibarrola. No está en un museo, pero eso es arte. Nada que ver con el iglú que está en el Guggenheim, y que personalmente a mí no me transmitía nada, ni antes ni después de saber la intención del artista.

Crazy for Gershwin

enero 12, 2007

 

He ido a ver pocos musicales en mi vida. En España no es un género que se prodigue excesivamente, y honestamente durante algunos años tuve ciertos prejuicios contra el musical. Cuando era pequeño, y veía en TV esas películas con Gene Kelly, Fred Astaire, Ginger Rogers o Esther Williams, no me convencía demasiado eso de que de repente empezaran a cantar. Siete novias para siete hermanos o sobre todo West Side Story las recuerdo haber visto en el cine y haber salido muy contento, pero eso no eran musicales, era otra cosa. Sombrero de copa era el ejemplo de musical que no me gustaba. Poco a poco empecé a valorarlas más. El pirata de Vicente Minelli, por ejemplo, me entusiasmó cuando la ví.

Así, de una cierta hostilidad, a la prevención, poco a poco fuí evolucionando, y empezó a interesarme la música de Cole Porter, o de los Gershwin. La primera vez que tengo conciencia de haber indagado sobre quien era el autor de la música era con el Anything Goes de Porter que abre la segunda película de Indiana Jones. Luego unos pocos años después, el Red Hot &Blue, con las versiones de Cole Porter a cargo de gente de primer nivel. Lo de fijarme en Gershwin seguramente fue a partir de ver Manhattan de Woody Allen, una de mis películas favoritas.

Aún faltaba dar el siguiente paso, y este fue verlo en directo. En todo su esplendor, en un teatro en Londres, en unos palcos que costaron una fortuna para la época (eran 6.000 pesetas de 1994, si no recuerdo mal), pero desde los que veías a los protagonistas guiñar el ojo, o parpadear. Mejor materia prima imposible, interpretaciones excelentes, coreografía espectacular, y un libreto que a pesar de entender solamente de manera parcial, era algo así como un cruce entre una historia de los hermanos Marx con una de P.G. Wodehouse. Vertiginoso y con clase. Si os gusta esta música, podeis encontrar más información sobre Crazy for you y aquí su banda sonora, que entusiasmados, nos compramos al salir. Ahí están algunas de las mejores versiones de Gershwin que conozco, y eso que siendo estupenda no hace justicia a la espectacularidad del conjunto.

La sombra de un cliclista

enero 8, 2007

Como a Zipi y Zape, los Reyes me trajeron una bicicleta. Ayer salí a dar un paseo. Nunca he sido un buen ciclista, seguramente porque empecé tarde, mal y poco. Además, creo que tengo algún pequeño problema de coordinación, o de equilibrio. Supongo que es sobre todo cuestión de práctica, porque la natación se me da bien, y ahí también es importante tener coordinación. O son las dos cosas, porque de pequeño nadaba mucho y pedaleaba poco. A lo mejor es un tema que se remonta aún más atrás, y de bebé no me enseñaron a gatear correctamente, y es que el patrón cruzado es muy importante. O quizás es porque soy zurdo, que siempre me sirve de excusa.

Volviendo a mis carencias como ciclista, no puedo mirar a un lado, y seguir yendo recto, o soltar el manillar y conducir con una sola mano, ni hablar de soltar las dos. De hecho para hacer una foto decente que ilustrara que como ciclista soy la sombra de lo que fuí, y nunca fuí gran cosa, tuve que bajarme de la bicicleta. Cuando aprenda a controlar eso de las marchas, y los desarrollos, y haga unos cuantos kilómetros, volveré a explicar mis progresos. Eso sí, espero no comprarme nunca un maillot, ni un culotte. Sería una mala señal.

¡A la mierda!

enero 8, 2007

Iba a poner una foto de Fernando Fernán-Gómez, pero al fin y al cabo, el comentario viene motivado por la foto, así que a lo mejor otro día bajo este mismo título hablo del Viaje a ninguna parte, por ejemplo. Pero volvamos a la imagen. La gente es rara, como cantaba Jim Morrison, pero la gente también es un poco guarra. A veces un poco quiere decir mucho, como ahora. Esto es del 7 de enero, el día que siempre se dejaba antes de empezar de nuevo el cole, para jugar con los juguetes.

La gente, mucha gente, debe creerse que reciclar es dejar la basura al lado del contenedor de reciclaje, en este caso el azul, que estaba lleno. A unos 200 metros había otro vacío, pero claro, es mejor ser un guarro que andar 200 metros cargando cartones, o esperar dos días para deshacerse de la mierda acumulada. En un cameo, véase al fondo la construcción protagonista de Obras son amores. Y es que viendo las grúas, y esas basuras, solamente se me ocurre pensar, Crisis what crisis?

Obras son amores

enero 3, 2007

Y no buenas razones, dice el refrán. Me ha llamado la atención recientemente un par de carteles en obras cercanas a mi casa en los que se informa de quien protege la seguridad, no esa a la que se refiere la Ley de Prevención de Riesgos, sino una más cercana al Código Penal, hurto, robo, estragos … Se trata de una práctica habitual, cercana en realidad a los métodos que emplean en Los Soprano. Pero no se trata de New Jersey, sino de Barcelona, o su zona metropolitana. Recogían el otro día los diarios que se trata de una costumbre de la que no se libra nadie, ni siquiera las obras de la comisaría de El Prat. Se trata, según parece, de una actividad floreciente. La foto la tomé hace ya días. Ayer pasé por delante y el cartel estaba roto. Glups. ¿Habrá ajuste de cuentas aquí al lado? Ya iré informando … o lo vereis en las noticias.

Mi primer no concierto

enero 2, 2007

En 1982 yo era demasiado joven para ir a ver a los Stones. Sobre todo teniendo en cuenta que ellos actuaban en Madrid y yo vivía en Tenerife. O sea que ir a verles era una quimera. Pero sí recuerdo perfectamente aquellos días, incluso la portada de El Pais Semanal, que aún guardo por ahí, con una frase de Jagger que decía algo como “los chicos de 18 años creen que uno es viejo a los 25. Yo tengo 39 y no les importa”. Ya tenía conciencia de estar ante un gran acontecimiento. Realmente, lo sentí como mi primer no concierto. Tuve que esperar para verlos a 1989.

El segundo fue la visita a Barcelona de The Police en septiembre de 1983. Ya vivía en Barcelona, pero supongo que debido a las largas vacaciones de aquella época, poco menos que me enteré cuando ya habían pasado. Tampoco era consciente de que se iban a separar, así que en ese momento a pesar de que era probablemente mi grupo favorito, no me supo tan mal como el de los Stones. Supongo que el primer no concierto es el que deja más huella. Aunque hubo más, Queen en el 86, Pink Floyd, Springsteen solo y el Amnesty Tour en el 88 …

He leído hoy mismo que a lo mejor The Police se juntan para tocar en directo de nuevo. Aunque sea una gira de colección de greatest hits, y lleve el subtítulo Todo por la pasta, no me los perdería. Eso sí, a Sting le ví en 1986, debutando (yo, él ya estaba más curtido) en eso de los conciertos en directo. De todos modos en aquellos 80, haber visto a Peter Gabriel y su gira del So, U2 presentando el Joshua Tree en Madrid, Bowie y su Glass Spider, o el Macca en Madrid en 1989, me llevan a concluir que por cada no concierto suele haber más de un concierto para recordar.

Lady Day en el Rainbow Room

enero 2, 2007

Un sitio que está en el piso 65 de un edificio situado en la Rockefeller Plaza tiene que estar bien sí o sí. El Rainbow Room es de esos sitios que en las guías de Nueva York te dice que visites si tienes ocasión. Y la ocasión se presentó. Vimos que actuaba Ann Duquesnay, a quien obviamente no teníamos el gusto, haciendo un homenaje a Billie Holiday, que entonces ya nos gustaba mucho. Nos quedaban pocos días, regresábamos el sábado, así que convenía ir el jueves, día del estreno. El primer paso era llamar para reservar. Pregunto por el show de Mrs Du-ques-ne (remarcando la ese), la voz me contesta Dú-que-né, pronunciado a la francesa. Al final nos entendimos y reservamos. Había dos opciones, la cara, con cena, y la “barata”, 40 $ por cabeza -cover, lo llaman en el papelito-. Escogimos la “sin cena”. Vestidos lo mejor que pudimos, en mi caso, por exigencias del guión, americana y corbata incluída, una americana de esas de batalla, no muy elegante que digamos, con pantalones vaqueros, y nuestra mochila Mandarina Duck.

Llegamos con antelación, demasiada, pero eso nos permitió que sin querer nos colásemos en un cóctel de inauguración previo. Éramos unos 30. Mayormente negros, vestidos elegantísimos, muy coloristas, muchas de ellas con unos cuerpazos de impresión, se veía que eran gente de la farándula. Un vejete blanco de unos 80 años, con un aire a George Burns, se hacía fotos con las chicas. La estrella era un tipo al que llamaban Izy (pronunciado aisi), que, con ese nombre, y por su aire verdaderamente cool pensé, ya en ese momento, -y aún sigo con la duda- que era Isaac Hayes, el mítico Shaft, últimamente cocinero en South Park. No llevábamos cámara, o sea que no pudimos hacerle fotos. Me quedé con ganas de preguntar, pero no lo encontré de muy buen gusto, “excuse me, who are you?“. Tampco era cosa de llamar la atención, pues al fin y al cabo, aunque nos dimos cuenta cuando llevábamos allí un buen rato, nos habíamos colado. El no ser conscientes de nuestra situación nos daba aplomo. Cuando nos dimos cuenta, ya daba igual, porque éramos parte del grupo. Aunque nadie hablaba con nosotros, nos sonreíamos mutua y cortesmente, la gente nos miraba con cierta curiosidad, blanquitos y por la ropa, el corte de pelo y tal indiscutiblemente europeos, debíamos tener un cierto aire de distinción, o algo así. Es lo bueno de Nueva York. Nadie pregunta. Me tomé tres copas de un excelente champagne. Concluído ese preliminar, que ya valió los cuarenta pavos, pasamos a la sala.

Allí nos juntamos con los de a pie, los que no habían estado en el cocktail. Éramos una clientela variopinta. Algún turista del mundo real, y otros venidos directamente de Wichita o Wisconsin, parejas engalanadas como para la fiesta de su vida, un tipo de aire Tom Jones con novia tipo Barbie. Al lado nuestro una petarda que chasqueaba los dedos, gritaba yes continuamente, y miraba a su novio con aire lánguido mientras sonaba Send in the clowns.

Y la actuación, pues estupenda. Duquesnay, caracterizada como Billie Holiday, cantaba como ella, con esa voz ronca, así que en esa sala, con una banda magnífica, cerrando los ojos te podías trasladar a los años 50, mientras sonaba Stormy Weather o Strange Fruit. Hasta el crítico del New York Times estaba allí ese día