Pintar un bosque

No hace mucho estuve en Bilbao y alrededores. Entiéndase esta afirmación en su sentido más estricto y literal. Fue solamente un fin de semana largo, salida viernes tarde, llegada lunes tarde, pero que cundió bastante. Dio tiempo entre otras cosas, de ver el Guggenheim, y de recorrer la costa, de Mundaka a Lekeitio un día, de Mundaka a Bilbao, otro.

Practicábamos el improturismo. Planeando sobre la marcha, improvisando. Está bien, y más en un viaje corto, levantarse sin saber a donde ir, ni donde comer, ni nada. En un sitio como ese, sale bien. Puedes comer en cualquier sitio, o ir en una u otra dirección, que seguro que aciertas. Fue muy grato en el camino a Lekeitio, cerca de Gernika, el pasar por sitio donde había un cartel que decía “bosque pintado”. Dando la vuelta unos metros más adelante, en esa operación que se repite varias veces cuando uno está fuera de casa y no conoce el camino, nos encaminamos hacia allá. Aparcamos en el restaurante que hay abajo, reservamos hora para un rato más tarde -un acierto pleno dada la buena comida y lo que se llenó- y empezamos a caminar. A los 20 metros nos avisaron que podíamos seguir en coche casi hasta arriba, que si no, con niños era demasiado.  Gracias al consejo llegamos en perfecta forma al bosque pintado, árboles pintados siguiendo un camino, un itinerario bastante libre. Un sitio con mucho encanto, y sobre todo una idea muy original y estupendamente ejecutada por Agustín Ibarrola. No está en un museo, pero eso es arte. Nada que ver con el iglú que está en el Guggenheim, y que personalmente a mí no me transmitía nada, ni antes ni después de saber la intención del artista.

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2 comentarios to “Pintar un bosque”

  1. trementina Says:

    No he visto el Guggenhein, tampoco es que note a faltar esa ausencia, pero si alguna vez voy de visita al norte, entraré a saludar…
    Arboles pintados, buena idea, aunque esto me recuerda tristemente, que aquí señalan con pintura los arboles del bosque que dejan talar 😦
    Ya sé que no es lo mismo.

  2. linoleo Says:

    La verdad es que ahora con internet se planean los viajes hasta el ridículo. Antes íbamos a la playa sin previo alquiler, llegabas allí con tu padre y tu padre buscaba in situ apartamento, ahora no puedes salir sin tenerlo todo requeteatado. Por eso me gustó tanto el ínter raíl que hice en 1991, porque solo tenía un billete para toda Europa y solo pensado algunas de las ciudades que quería ver. Pero sin reservas, sin horarios, improvisando todo el rato y ha sido el vieja más maravilloso de mi vida.

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