Archive for 30 marzo 2007

Going home

marzo 30, 2007

Estas vacaciones vuelvo a casa. No por Navidad, que es un coñazo viajar, sino por Semana Santa, que está todo mejor. Hace un año y medio que no voy y tengo ganas. Cuando uno vuelve al lugar donde nació y creció y ve que, aunque muchas cosas han cambiado, hay aún más que siguen como siempre, tiene una sensación agradable, reconfortante. Puedo salir por la calle y estar seguro de que me voy a encontrar a alguien, familia, amigo o simplemente un conocido, con quien me saludaré de forma ritual. -“¡Hombre cuanto tiempo!” -“sí, aquí a pasar unos días” -“¿todo bien?” -“sí ¿y tú?” -“pues también” -“me alegro de verte, hasta otra”. No por previsible será menos sincero.

Os dejo con Going home, un tema de Mark Knopfler de la película Local hero, aquí traducida como Un tipo genial, una de esas películas que son muy agradables de ver, con escenas que recuerdas durante tiempo, de esas películas que te dejan con ganas de ir al lugar en donde transcurre la acción, en este caso Escocia, y un tema que en su estribillo combina esa sensación de alegría y cierta nostalgia que siempre le entra a uno cuando vuelve a donde nació.

Que tengais unas buenas vacaciones

Paddle

marzo 28, 2007

 

Hace poco me estrené como jugador de paddle. Siempre había mirado con cierto recelo este deporte, me parecía un invento del estilo del badminton, y cosas poco serias del mismo calibre. Que nuestro anterior Presidente del Gobierno fuera un entusiasta de este deporte no ayudaba mucho. Cuando oía la palabra, me acordaba siempre de una cosa que explicaba mi padre, que en su época al biscuter lo llamaban el sin-sin. Sin pelas para comprar un coche, sin cojones para comprar una moto. Pues a mí el paddle, de lejos, me parecía una especie de sin-sin, entre el tenis y el ping pong. Me sigue molestando no saber cómo se escribe exactamente: padle, paddle, pádel … Se mire por donde se mire, eso es poco serio.

Hace unos meses nos hemos hecho socios de un sitio donde podemos ir a nadar, hay tenis … y pistas de paddle. Pero la culpa fue del Decathlon. Con esos precios y esa variedad enorme de artículos es imposible entrar allí y no salir cargado. La excusa era un bañador, pero la tentación del paddle se apareció en forma de raquetas muy baratas y claro, una cosa llevó a la otra.

Y el veredicto es un pulgar hacia arriba.  Es entretenido, no es ni mucho menos tan cansado como el squash, que aparte de pasado de moda es un deporte un poco contranatura, y es una buena alternativa al tenis. Se hace ejercicio, se suda un poco, que también se trata de eso, y en definitiva se pasa un buen rato. Larga vida al biscuter, viva el paddle.

Cambio de hora

marzo 25, 2007

Hay escenas que se repiten una y otra vez. Como en el mito de Sísifo o en El día de la marmota. Las imágenes de los trasnochados en la Puerta del Sol el uno de enero de cada año mientras de fondo se ven las brigadas de limpieza, las entrañables escenas de los ganadores de la Lotería el día 22 bebiendo cava ante las cámaras, el Corte Inglés el primer día de rebajas, o el día de la vuelta al cole. Las mismas imágenes, en forma y contenido. Los mismos comentarios rituales. Supongo que esas tonterías dan seguridad colectiva, o algo así.

Dos veces al año nos cambian la hora. Se repiten discusiones sobre si se ahorra o no energía, se recuerda que ancianos y niños son los “colectivos” más perjudicados. En algún momento siempre surge una duda crucial. ¿Adelanto o atraso? ¿las dos serán las tres o las tres serán las dos?. Se hacen frases hechas más o menos inexactas, como “dormiremos una hora menos”.

Pero lo que me preocupa cada vez más es el creciente número de relojes que debemos cambiar. Algunos parecen inteligentes y se cambian solos, como el del PC. Otros son casi inalcanzables como el de la pared de la cocina. Pero es que hay tantos … El del video, el del DVD, el del despertador, el del coche, el de pulsera … Ni una hora menos ni nada. Hoy no he dormido. Me he dedicado a acechar entre las sombras a la búsqueda de relojes fuera de hora. Tengo que irme aún me faltan unos cuantos.

Y también dos huevos duros (o cincuenta)

marzo 21, 2007

Nunca se me había ocurrido pensar que los huevos duros eran parte de la historia del cine. Primero, la escena del camarote de los Hermanos Marx de Una noche en la ópera. Una escena delirante, que he visto decenas de veces, y que siempre, invariablemente, en el momento final en que se abre al puerta y caen todos a presión acabo soltando una carcajada. La cada vez más estrambótica petición de servicios se incrementa siempre con una bocina de Harpo y Chico apostillando “y también dos huevos duros”.

Luego está La leyenda del indomable, y esa escena imborrable de Paul Newman comiendo huevos duros, hasta cincuenta. Recuerdo que la dieron en televisión cuando era pequeño. Al día siguiente, los días siguientes, en el colegio todo el mundo hablaba de ella. Como había pasado unos años atrás con López Vázquez encerrado en La cabina, había causado verdadero impacto. Además, solamente había un canal de TV, así que todos veíamos lo mismo.

Ayer murió Stuart Rosenberg, director de esta película, y de algunas otras como la también carcelaria e igualmente estimable Brubaker , en este caso con Redford, el compañero de Newman en dos películas inolvidables. Hace poco tuve ocasión de ver un encuentro entre ambos en un interesante documental en donde se confirmaba una vez más lo que ya sabíamos todos, que son dos grandes.

Buscando algún enlace, en algunos sitios, preferentemente mexicanos, he visto anunciada la muerte de Rosenberg refiriéndose a él en titulares como el director de The Amytiville Horror. Nunca se me hubiera ocurrido describirlo así. Como es preceptivo decir en estos casos, descanse en paz.

Esa cosa llamada Internet

marzo 17, 2007

Esta tira del genial Quino explica para mí mejor que nada lo que es esto. Todo está aquí. Y si nos descuidamos nos podemos colapsar.

Hace tiempo hablábamos en el trabajo de lo que era Internet. Yo puse el ejemplo de esta viñeta. Mi jefe, más lírico, dijo que esto de Internet eran las catedrales del siglo XXI. Creo que los dos teníamos razón.

Empecé a navegar hace bastante tiempo, hacia finales de 1996. Entonces había poca cosa, uno acababa rápido. La conexión era más lenta, los ordenadores menos potentes, y se notaba la falta de costumbre en la búsqueda. Recuerdo que de lo primero que hice fue buscar información sobre algunas de mis series de TV favoritas, Doctor en Alaska, por ejemplo, así que me bajé una completísima episode guide que aún consulto de vez en cuando en papel, aunque ahí sigue todavía. ¿Quien dice que en Internet la información desaparece de un día para otro?. También descargué las letras de las canciones de REM, que siempre me había interesado mucho tener (parece que Eddie Veder tenía la misma inquietud) y que cuando tuve apenas les hice caso, algo que sucede a menudo con lo que nos vamos encontrando en Internet, y fuera. Seguía también el repertorio que iba tocando U2 en su gira Popmart, y eso ya me parecía lo máximo. Ocho años y dos giras más tarde, las grabaciones de los conciertos, en audio y video, aparecían pocas horas después de celebrarse en lugares tan dispares como Roma o Honolulu. Mi mujer me pidió ayer que le grabase Anatomía de Grey. Hubo un fallo en el disco, y lo he subsanado bajándome el capítulo en un santiamen.

Subir y bajar archivos de audio y video, que hace solamente tres años parecía algo impensable, al menos a nivel de usuario general, lo hace ahora cualquiera. Eso para alguien que, como yo, todavía se maravilla pensando cómo vuelan los aviones, es bastante impactante. Ahora tenemos el youtube, el invento del siglo se hubiera dicho antes. Ahora no es ni el invento del quinquenio.

Luego están los foros, o ahora los blogs. Nunca pensé cuando empecé con ellos que me llegarían a interesar tanto. Los foros, con gente anónima a las que pones luego cara, y en algunos casos incluso voz. Los blogs, entrando en lugares íntimos que son a la vez, a veces, muy comunes, en el sentido de compartidos.

Dentro un tiempo diremos a nuestros hijos que cuando éramos pequeños no había internet, como nuestros padres nos decían que cuando ellos eran pequeños no había televisión. Y seguro que ellos, como nosotros antes, aunque sepan que era así, no acabarán de creerse que eso era cierto.

El zurdo

marzo 13, 2007

Ser zurdo es de esas cosas que le hacen a uno un poco diferente. Imprime carácter. Tampoco es que sea algo de lo que presumir, realmente, pero es un valor a tener en cuenta en esta época en donde la gente quiere individualizarse, y es curioso porque a veces se llega a la uniformidad más absoluta. El sábado pasado por la tarde me encontré con un grupo de quinceañeros que iban, supongo, a la discoteca. Allí iban, tan chulos, con sus peinados, su pantalones por las rodillas y sus zapatillas deportivas a la última. De uno en uno eran algo originales, es verdad, pero en conjunto daba una impresión extraña. La uniformidad absoluta de los que creen ser muy diferentes.

En fin, volviendo al tema de los zurdos, a mí ya no me tocó pero he llegado a conocer gente un poco mayor que yo a los que obligaban a escribr con la derecha. Son esos extraños híbridos que juegan a fútbol por la banda izquierda pero que escriben como casi todo el mundo. Los zurdos no escribimos así. Según parece, nos colocamos en posición muy rara. Algunos incluso justificamos con eso nuestra caligrafía poco inteligible. Claro, que según eso los médicos deberían ser todos zurdos, y no es el caso. Al fin y al cabo, dentro de poco nadie escribirá, y el teclado es en ese sentido neutral.

Pese a todos, hay cosas en las que creo que verdaderamente afecta. Cortar con tijeras, por ejemplo. Sin rubor digo escuetamente que soy zurdo cuando al cortar papel de regalo me tuerzo más de lo aconsejable. Y que nadie diga que hay tijeras para zurdos. Eso es un invento, casi tan vil como el día del padre, y con las mismas motivaciones económicas. El zurdo corta mal o no es un zurdo verdadero, y las falsas tijeras tampoco ayudan a enmascarar esa realidad.

Esperando un eclipse me quedaré

marzo 5, 2007

Me gustó el eclipse del sábado. Lo pude ver tranquilamente, al tiempo que le daban un meneo al Barça, y sin necesidad de moverme más de tres metros de mi posición. No es como lo de la lluvia de estrellas, que te tienes que desplazar, salvo que vivas en lo alto de la montaña y sin vecinos a 20 kilómetros a la redonda. De repente se empezó a poner de moda alrededor del 10 de agosto, noche de san Lorenzo, hacer excursiones para ver ese fenómeno, y he hecho alguna de esas en donde he visto más gente que un domingo de campo. Recuerdo una, hace ya muchos años, creo que nadie vio una estrella fugaz, algunos mintieron, eso sí, pero nos salió una estupenda versión a capella de Stand by me.
Esta vez las condiciones eran buenas, y tenía gracia ir viendo como la luna llena se iba tapando. La luna sobre todo llena tiene ciertamente algo mágico. Cuando se tapa poco a poco también. No hace demasiado hubo un eclipse de sol, en concreto el 3 de octubre de 2005. O sea que los que hemos estado atentos ya podemos decir que hemos vivido eclipses totales de sol y de luna. Invariablemente siempre que hay un eclipse, parcial o total, de sol o de luna, me acuerdo de Un yanki en la corte del Rey Arturo, otra muestra de genio de Mark Twain. Y esto de los eclipses es curioso, yo ya he vivido unos cuantos y siempre dicen, el ultimo fue en milochocientosy pico, el próximo en dosmildoscientosypico. Debe haber una gran variedad de eclipses. En este caso solamente tendremos que esperar hasta el 2029 para ver uno igual al de anteanoche. Espero que ese día gane el Barça.