Archive for 24 julio 2007

Cerrado por vacaciones

julio 24, 2007

 

Está siendo un buen verano. Hace calor, pero no demasiado. El año pasado hubo bastantes días en los que costaba dormir por el calor, algo insólito, y muy molesto.  En realidad todavía no estoy de vacaciones, aunque sí a medio gas. Lo que es irme, me queda casi un mes todavía, pero creo que voy a cargar un poco de pilas, dejar tiempo para que las historietas salgan con ganas y volver en la réentreé de septiembre.

Buscando imágenes para ilustrar esta despedida momentánea, veo una cierta uniformidad. Homer Simpson con un cartel, una foto de la Tierra de la que cuelga esa leyenda, o esta de la persiana y la bici son de las que aparecen más veces en las tres primeras páginas de google imágenes.

Pero bueno, no se trata de ser especialmente original. Al fin y al cabo, era solamente para deciros hasta luego.  A los lectores, a los que contestan siempre o a menudo, a los que lo hacen muy de vez en cuando, o a los que leen pero no escriben, a todos, que tengais muy buenas vacaciones, y luego las podamos comentar por aquí o por otro sitios.

Flores secas

julio 10, 2007

Como recordaba el otro día con linoleo, el verano es época de reposiciones. Aquí va una. Esto también lo mandé a un concurso, que no gané, claro.

Hoy no tengo un buen día. O tal vez sí, no sé. Lo que es seguro es que me he levantado con espíritu cáustico y burlón, una de las cualidades que me definen, según dicen quienes me conocen, y que según esas mismas fuentes me convierten a la vez en una persona divertida pero exasperante. Eso da para bastante en la floristería donde trabajo. Por ejemplo, hoy he me he vuelto a acordar de ese señor cincuentón. Cincuenta y tres para ser exactos. Un día lo miré en su DNI. Tuve el aplomo suficiente para darle la vuelta y mirar su fecha de nacimiento porque me comentó que era su cumpleaños. Lo verifiqué con estudiada indiferencia y se lo devolví sosteniéndole la mirada junto a su tarjeta de crédito. Justo en ese momento pensé, que en la más de media docena de veces que me había venido a comprar en los últimos meses, era la primera vez que no pagaba en efectivo. Además, era la primera vez que me hacía enviar las flores a la dirección que aparecía en su DNI. También me molesté en fijarme en ese detalle. No pregunto, no juzgo, solamente constato el hecho. Me miró con expresión dubitativa, no sabía si sonreírme de manera cómplice o agachar la cabeza con aire de culpabilidad. Agachó la cabeza y mirando hacia abajo se le escapó la sonrisa de complicidad dirigida a las baldosas.

Hoy también ha vuelto ese joven. ¿Treinta y seis aún es joven, no?. Viene con cierta frecuencia y paga indistintamente al contado y con tarjeta. Le veo pasar cada día en el autobús, mirando fijamente hacia aquí. No sé si se cree que no me doy cuenta. Aún será capaz de pensar “nunca supiste que te miraba desde el bus”. Yo lo llamo “mi admirador no demasiado secreto”. Se baja en la parada que hay a diez metros de la tienda, y viene, de eso no hay duda, sin saber qué comprar ni para quien. Me pregunto quien recibirá las flores, su madre, la portera de su casa o se las regalará a alguna desconocida, como en aquel anuncio. A lo mejor es él quien me engaña a mí, y su aparente ingenuidad responde a una pose perfectamente estudiada que obedece a una estrategia de seducción puesta en práctica muchas veces. No, seguro que no finge. Hubiera protestado cuando esta mañana le he endilgado aquel aparatoso centro de flores secas, que no era feo, pero sí desproporcionadamente caro. La verdad es que estaba renovando el escaparate, y me daba pereza guardarlo en el almacén, o ponerlo a precio de saldo. Cuando le he visto entrar, se me he escapado una risa burlona, fugaz. Con rapidez, le he dedicado a él la mejor de mis sonrisas, y claro, el pobre chico ha salido cargado con el enorme centro de flores secas. Supongo que un día de estos me invitará a cenar.

Yesterday

julio 2, 2007

Ayer fui a un festival de esos de fin de curso. Una niña de unos 12 años tocó Yesterday. Es una de las canciones más baqueteadas de la historia, pero sigue emocionando cuando se toca con sinceridad, y sin ese halo cansino que a veces rodea a los clásicos. Sin cantar, solamente con la guitarra, allí toda concentrada, me puso la carne un poco de gallina. Y me acordé aquel día de finales de agosto de 1989 en que ví se anunciaba que McCartney venía a España, a Madrid, y pensé “iré”. Y vaya si fuí.

Un fin de semana que duró cuatro o cinco días, un recuerdo extraordinario de ese viaje, y sobre todo ese concierto, en el pabellón abarrotado viendo a Paul, que a pesar de ser un poco simplón a veces, a la hora de rockear tiene pocos rivales. Clasicazos de ayer y antesdeayer fueron desfilando, temas de los Beatles, de su etapa con los Wings, y hasta algunos del Flowers in the dirt, que era la excusa para salir a la carretera. Hubo grandiosos momentos, y uno de ellos fue ese Yesterday, seguido con silencio reverencial por el público, que siseaba para mandar a callar a los que hacían amago de cantarlo. Paul, su guitarra y nosotros. Ayer me acordé de ese momento, y volví a 1989.