Archive for 25 septiembre 2007

¿Dónde estabas tú cuando murió Lady Di?

septiembre 25, 2007

A la generación de mis padres les causó un gran impacto el asesinato de JFK. He escuchado alguna vez a mi madre o a mi suegra comentar que se acuerdan perfectamente de lo que estaban haciendo cuando se enteraron. Yo tengo recuerdos muy claros de lo que estaba haciendo el 23-F, el 11-S o el 11-M, fechas tan importantes que es suficiente con el número y la inicial del mes, no hay ni que poner el año. Como aquel chiste que contaba Eugenio: -Hábleme del dos de mayo -¿De qué año?. Recuerdo otros momentos históricos indiscutibles, como la caída del muro de Berlin o el inicio de la Primera Guerra del Golfo. Antes todo el mundo la llamaba la Guerra del Golfo a secas. Por desgracia ha habido, sigue habiendo, otra, que tuvo su momento icónico con la caída de la estatuta de Sadam.

Hace poco se cumplieron diez años de la muerte de Lady Di, momento histórico para muchos, equivalente de los 90 a lo de JFK tres décadas atrás. Las muestras masivas de dolor y condolencia, en un exceso un tanto obsceno, tampoco son patrimonio de nuestro tiempo, y ahí está por ejemplo el caso de Gardel, cuyo entierro fue también multitudinario. Gardel, Kennedy, Diana, gente que muere joven, de manera violenta e inesperada, que generan conmoción y un despliegue mediático desproporcionado.

Aunque recuerdo, como decía, momentos históricos mucho más importantes, me enteré de la muerte de Diana en un lugar insólito. En misa, en una iglesia de Harlem. En Nueva York. Era domingo. Subimos al autobús por la Avenida Madison, dejando Central Park a un lado. De manera gradual van bajando blancos y van subiendo negros. No hay más turistas despistados que nosotros. En pocos minutos pasas del lujo del Upper East Side a un paisaje mucho más agresivo, con descampados y edificios semiderruidos. El punto de destino era más concurrido y agradable, cerca de la iglesia, la histórica Abyssinian Baptist Church. Hicimos un poco de cola, los feligreses locales, abajo en platea, los turistas en los laterales. Cantó el coro, y fue un rato estupendo. Luego vino el sermón, en el que se habló de las gangs, de la TV y de los talk shows para negros (la verdad, no recuerdo si hablaban de afroamericans). Luego en un discurso más largo pudimos entender que se refería al passing away of lady daiana, poor children, we will pray for them. Después vino otra tanda de espirituales. Y recuerdo el estupor. Más que nada por lo inesperado del anuncio. Y porque no dijo death, que se entiende, pero eso del passing away … ¿Habremos entendido bien?. Luego ya lo confirmamos, leyendo un periódico ajeno en el Metropolitan, otro punto obligado de visita. La Embajada británica estaba muy cerca de nuestro alojamiento, así que pudimos observar la repercusión mediática inmediatamente, esa misma tarde. Muchas cosas, esta es una, se te quedan grabadas por donde estás cuando te suceden.

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Buffet

septiembre 20, 2007

Esa palabra ahora mismo me produce cierto malestar. Lógico, después de estar una semana desayunando y cenando en esa modalidad de barra libre que no te sube a la cabeza sino que te baja al estómago y luego se reparte de manera uniforme por zonas adyacentes. Buffet me recuerda a bouffe, la grande bouffe. Esa película algo escatológica donde un grupo de personas comía hasta reventar. La palabra puede utilizarse en diferentes contextos. Parece que el nombre viene del mueble en donde se colocaba la comida, así que la palabra buffet también la encontramos relacionada con anticuarios. Luego está ese señor millonario, de nombre Warren, filántropo que se presenta a veces a la presidencia de los EEUU, y hay un tal Jimmy, metido en el mundo de la música. También solía confundir buffet con bufete, expresión que solamente conozco aplicada a bufete de abogados, y que en realidad no sé de donde viene ni adonde va.

El buffet ocasional, de fin de semana, se toma como un exceso puntual y tolerable. El otro, el de estancia más larga en eso que llaman media pensión, genera cargos de conciencia. Sobre todo porque deja en evidencia la falta de autocontrol. En el desayuno y en la cena.

Está muy bien hacer un día o dos lo del zumo de naranja y la fruta ¡pelada! de entrante, los huevos fritos con bacon y alguna salchicha de plato fuerte, un poquito de pan con embutido y al final la napolitana de chocolate con el café con leche. Pero más tiempo ya empieza a ser excesivo. Pese a todo, lo del desayuno tiene coartada. La excusa es que cuando se está de viaje la comida a mediodía es muy ligera, con lo que hay que hacer un buen desayuno y coger fuerzas para hoy.

El que realmente duele es la cena. Vale, llegas de comer un bocadillo y fruta, no es muy tarde, más bien es pronto, salvo para los ingleses, pero ya tienes hambre. El primer día caes en el exceso, te llenas de entrantes con la excusa de que has puesto un poco de lechuga, no te decides entre el pollo en salsa y esa otra pieza exótica que te llama la atención, las coges las dos, luego vas a por algo de postre y no puedes evitar poner un par de pastelitos más de la cuenta. Te levantas pesado, muy pesado. Prometes no recaer los siguientes días, pero lo haces. Tienes algún momento de lucidez en que comes lo justo, pero no puedes evitar que siempre haya algo que te haga caer en la tentación, en el exceso. A eso creo que lo llaman gula. El buffet pone a prueba el autocontrol. Gana siempre el buffet.

En el hotel

septiembre 14, 2007

Cuando uno está unos días en el hotel, en cualquier hotel, se siente un poco como esos protagonistas de las novelas de Agatha Christie. Muerte en el Nilo o Asesinato en el Orient Express, por ejemplo. Un grupo de gente reunido en un espacio más o menos cerrado, o al menos delimitado, y conviviendo durante algún tiempo. En los hoteles urbanos los espacios comunes son menores, y también lo es el tiempo que pasas en ellos. En cambio, en destinos de vacaciones, además de que la estancia suele ser más larga, las posibilidades de encuentro son mucho mayores.

Haya más o menos gente, la atención siempre se fija en unos cuantos concretos, normalmente por algún detalle casual, como coincidir en el ascensor o en el momento de llegar. Luego te vas encontrando con ellos. En el desayuno, en la piscina, en la playa, o en la cena. Con otros también, pero son meros secundarios. Me pasé buena parte de la estancia con ojos escrutadores, entrecerrados, a lo Mitchum haciendo de Marlowe, mirando silencioso, con cierto aire distante. En parte puede deberse a que soy un poco miope, y perdí las gafas al tercer día.

Es inevitable establecer categorías. Tipologías de familias: las que se llevan incluso a la chica para que cuide a los niños (¡!), las escandalosas en todo momento y lugar, que incluyen como subtipo las que discuten entre ellos de manera exagerada. Luego están las más normales, que al final son en las que se fija uno, porque las otras son muy previsibles. Las parejas también son interesantes. Los que no se hablan, ni apenas se miran, los que se hacen arrumacos constantemente, los más apasionados.

Hace dos años  me fijé especialmente en una pareja con una hija de unos 13 años. Él era como Mario Conde -no el de ahora, sino el de su buena época-, moreno, gomina, bermudas, polo, todo impecable. Su mujer, guapísima, muy elegante, demasiado elegante, incluso en la piscina, pero siempre con aspecto como de tristeza. Coincidíamos en la cena, y él aleccionaba a la niña sobre el marisco que debía elegir, siempre en cantidades muy moderadas.

Esta temporada, más que una familia concreta, tengo catalogado como favorito un perfil, que al menos es el que más me ha llamado la atención, por ser un modelo constante, casi una categoría ontológica (con perdón). Él es fornido, musculoso, diría que vigoréxico. Ella es pequeña, flaca, de melena rubia, va con pantalón corto. Los dos llevan tatuajes en varios sitios. Es lo bueno de verano, puedes comparar tobillos y antebrazos. Hacen sudokus y duermen al sol. Y yo siempre cerca, escrutando, con los ojos entrecerrados, aunque lleve mis gafas de sol (graduadas, por cierto).

El bloqueo del escritor

septiembre 13, 2007

Cuando empecé con esta historia, tenía unas cuantas ideas sobre temas que escribir. Esperé a tenerlas más o menos construidas y luego ya me lancé sin muchos problemas. Alguna vez pensé que a lo mejor se me acababan las cosas para contar, o al menos de la manera en que las quiero contar. De momento no me ha pasado, supongo que gracias a llevar un ritmo pausado, pero constante, otra de las dudas que tenía al empezar. Así que he aprovechado este tiempo para ir acumulando un poco de materia prima para el invierno, y es que aunque yo he sido siempre bastante cigarra, también tengo detalles de hormiga.

De todos modos, estos días me he acordado del llamado bloqueo del escritor, aunque sea de blogs. ¿Qué escribo?. Supongo que hay un momento en que uno no sabe qué poner, y siempre tiene un recurso. El llamado bloqueo del escritor es a la vez el problema y la solución. Escribir sobre el bloqueo del escritor es una especie de comodín, que algunos pueden usar con acierto varias veces, y que en algunos casos sirve de hilo conductor para hacer una gran obra. Podemos poner algunos ejemplos: el celebrado 81/2 de Fellini, el Barton Fink de los Coen, donde ver sudar a Turturro nos incomoda tanto como a él, sin olvidar a un experto en la materia, Woody Allen, que construye en torno al bloqueo del escritor películas como Recuerdos, Desmontando a Harry, e incluso Balas sobre Broadway, con un excelente John Cusak y un genial Chazz Palmintieri, en una película que según escribo esto me apetece revisar.