Música y niños

No entré en el Gran Teatre del Liceu, toda la vida para mí el Liceo, hasta hace un par de años. Fue para ver una versión para niños de Pedro y el lobo. Luego volví a ver a Van Morrison, que bien mirado también tiene una vertiente así como de bruja de cuento, o de lobo. Sí había pisado en varias ocasiones otro lugar emblemático, el Palau de la música, para ver a gente diversa, desde Nina Simone a (ejem) Van Morrison; también he visto ahí algún que otro espectáculo infantil. Lo mismo con el flamante Auditori, o incluso espacios como el Casino de l’Aliança de Poble Nou donde ha tocado gente como Lambchop o Tindersticks, y que yo también he visitado un par de veces para ver espectáculos dirigidos al público infantil, que son como las películas que se hacen ahora para los niños, realizados con bastante cuidado, buen gusto, y guiños a los padres.

Ayer mismo estuve viendo una versión infantil de La Flauta mágica de Mozart, con una escenografía impecable -no en vano es de Comediants-, y ese número de los gorgoritos de la reina de la noche que tiene pocos que le puedan hacer sombra. Se pasa un buen rato viendo una obra estimulante. En todo caso, de todos los espectáculos que he ido viendo a lo largo de estos años, que ya son unos cuantos, me quedo seguramente con un concierto que era para niños, pero con toda probabilidad pensado especialmente para los niños de treinta años como aquel disco de Miliki. Era la orquesta de la ciudad de Barcelona, full band, interpretando música de películas de cine fantástico, puesta en escena muy sobria, y piezas gloriosas de Hermann como Ultimatum a la tierra o Fahrenheit 451, el clásico de Strauss que todos asociamos a 2001, o el plato fuerte, una suite de temas de La guerra de las galaxias, de John Williams, rematado con la orquesta en pleno a todo trapo tocando esas notas también inmortales. Entre los japoneses del público seguramente estoy yo.

Una respuesta to “Música y niños”

  1. Bela Says:

    Van en el Liceu… qué buenas noches en ese precioso lugar en plenas fiestas de la Merce y qué buena idea abrir ese espacio para otro “tipo” de conciertos. Creo que los artistas deben crecerse (no es irónico con Van) en lugares así.

    En el concierto de Bunbury con Nacho Vegas en el Liceu hubo un momento gracioso cuando uno de los dos, no recuerdo bien, comentó algo así como “eviten fumar porque este sitio arde muy rápido”…

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