Archive for 28 diciembre 2007

Prensa gratuíta

diciembre 28, 2007

La prensa gratuíta se ha hecho un hueco en nuestras vidas. Eso significa que se crean nuevos roles, nuevos estereotipos. Hay imágenes que ya asociamos inmediatamente a este fenómeno. Los repartidores que luchan por el mejor puesto a la salida de las escaleras de metro o los viajeros compulsivos que entran en el vagón y repasan los asientos y las partes altas en busca de su dosis de lectura rápida. También desaparecen algunos clásicos. Por ejemplo la figura tradicional del lector gorrón, ese que lee de tu periódico por encima del hombro, de manera indisimulada, y que seguro que en alguna ocasión ha llegado a carraspear cortesmente porque tú has pasado la página que él no había acabado de leer.

Entre esa multitud de diarios ya se empieza a hacer distinciones. Algunos tienen un diseño muy bonito, otros son horrorosos. Dan todos las misma noticias, aunque eso también pasa con la prensa tradicional. Tienen sus columnistas de cabecera, algunos convertidos -al menos esa pose llevan- en gurús. Hacen encuestas sobre todo lo encuestable y más. No sé quien contesta, en realidad no sé si alguien contesta, pero allí están luego ofreciendo sus resultados con aire del pan nostradamus de cada día.

Ninguno ha optado por tirarse al sensacionalismo descarado. Algo tipo el recientemente desaparecido Weekly world news que sacaba sin empacho a Hillary con el bebé extraterrestre que había adoptado, o recurre con frecuencia a la interesante noticia de las andanzas de Elvis en islas remotas y cosas así. Los de aquí cultivan más bien una tendencia populista light, y quizás, solo quizás, una conexión mayor que la otra prensa -escrita o no- con lo que le interesa a la gente. De hecho los recientes cambios de diseño de algunas de nuestras cabeceras más señeras han llevado a un aligeramiento de contenidos, más reportajes de esos de salud o tendencias que digo yo algún día se acabarán. Entonces veremos un boom de adopciones de bebés extraterrestres.

Fotomatón

diciembre 21, 2007

El otro día entrando en el metro casi choco con un chico que salía de un fotomatón. Llevaba en la cara esa expresión inconfundible de “a ver que tal he quedado” que todos hemos puesto alguna vez. La verdad que hace ya bastantes años que no pongo esa cara. El fotomatón, como las cabinas de teléfonos, es un anacronismo de nuestros días. Son aparatos que -aunque sean algo anteriores, sobre todo las cabinas- en los años setenta estaban en pleno apogeo. Lo máximo en tecnología, la posibilidad de hacerse unas fotos reveladas al momento. Además, de mejor calidad que esas Polaroids que quedan para el recuerdo como un efímero avance de la ciencia. Al menos sirvió para Memento.

No hay mucha épica cinematográfica en torno al fotomatón. Sí recuerdo vagamente alguna escena, quizás en Thelma y Louise, o en alguna con Julia Roberts, en donde para mostrar la felicidad de los protagonistas aparecen haciéndose unas fotos para el recuerdo. El fotomatón hoy día es algo ligeramente cutre, con un toque entrañable parecido a una feria de atracciones algo deterioradas y caballitos descoloridos, donde venden esas manzanas caramelizadas que nunca he visto a nadie comerse enteras.

Siempre me han llamado la atención esas fotos que ponen fuera, de propaganda del producto. ¿De donde sacan a los modelos? ¿Se hace castings para eso? ¿Cada cuanto se actualizan? No es infrecuente encontrarse en esas fotos peinados claramente identificables con décadas pasadas, donde se aprecia la evolución en la forma y tamaño de las cejas o el uso del rimmel, e incluso se vislumbran otros accesorios de la parte superior del cuerpo, lo que incluye -especialmente- las hombreras en las chaquetas.

Algún día desaparecerán de golpe, retirarán los fotomatones de las calles, y no nos daremos cuenta, pero seguro que inconscientemente percibiremos que falta algo.

Gente del siglo XIX

diciembre 7, 2007

Mi abuelo paterno nació en 1894. Cuando yo era pequeño le hacía broma, y le decía que era del siglo pasado, que era una antigualla. Él también se reía y jugaba a que se enfadaba y me perseguía y me llamaba granuja y sinvergüenza. Recuerdo alguna ocasión en que me hablaba de la Semana Trágica de Barcelona, él tenía 15 años, y me contaba que era aprendiz -hasta ahora nunca me había planteado aprendiz de qué- y bajaba corriendo la calle Balmes mientras sonaban tiros y cañonazos a lo lejos, no muy lejos. Aquello me parecía impresionante, porque eran vivencias de primera mano de antes de la I Guerra Mundial. Mi padre nació poco antes de empezar la Guerra Civil, así que también tengo alguna anécdota suya de infancia y bombardeos.

Además de abuelo era mi padrino, y él, que era catalán traía castañas a casa a finales de octubre, y una Mona de Pascua al final de la Semana Santa. Yo lo veía normal, pero años después me dí cuenta que viviendo ambos en Tenerife no lo era. Los abuelos en general son una conexión muy fuerte con el pasado. Historia viva. Yo pude disfrutar mucho de los míos, aunque luego te das cuenta que no lo suficiente.  Murió en 1990, muy bien de salud hasta casi el final.

Para Nelson -que con su último comentario me abrió la puerta de este-, Alberto (Fat) , Dani, Maria, y otros visitantes a los que he leído alguna vez referirse a sus abuelos.