Fotomatón

El otro día entrando en el metro casi choco con un chico que salía de un fotomatón. Llevaba en la cara esa expresión inconfundible de “a ver que tal he quedado” que todos hemos puesto alguna vez. La verdad que hace ya bastantes años que no pongo esa cara. El fotomatón, como las cabinas de teléfonos, es un anacronismo de nuestros días. Son aparatos que -aunque sean algo anteriores, sobre todo las cabinas- en los años setenta estaban en pleno apogeo. Lo máximo en tecnología, la posibilidad de hacerse unas fotos reveladas al momento. Además, de mejor calidad que esas Polaroids que quedan para el recuerdo como un efímero avance de la ciencia. Al menos sirvió para Memento.

No hay mucha épica cinematográfica en torno al fotomatón. Sí recuerdo vagamente alguna escena, quizás en Thelma y Louise, o en alguna con Julia Roberts, en donde para mostrar la felicidad de los protagonistas aparecen haciéndose unas fotos para el recuerdo. El fotomatón hoy día es algo ligeramente cutre, con un toque entrañable parecido a una feria de atracciones algo deterioradas y caballitos descoloridos, donde venden esas manzanas caramelizadas que nunca he visto a nadie comerse enteras.

Siempre me han llamado la atención esas fotos que ponen fuera, de propaganda del producto. ¿De donde sacan a los modelos? ¿Se hace castings para eso? ¿Cada cuanto se actualizan? No es infrecuente encontrarse en esas fotos peinados claramente identificables con décadas pasadas, donde se aprecia la evolución en la forma y tamaño de las cejas o el uso del rimmel, e incluso se vislumbran otros accesorios de la parte superior del cuerpo, lo que incluye -especialmente- las hombreras en las chaquetas.

Algún día desaparecerán de golpe, retirarán los fotomatones de las calles, y no nos daremos cuenta, pero seguro que inconscientemente percibiremos que falta algo.

4 comentarios to “Fotomatón”

  1. El opositor Says:

    Es que tengo instalado un sistema en mi blog en el que si alguien escribe ‘feliz + estudio’ lo censura automáticamente, jeje. No sé qué habrá pasado, la verdad…

    Siempre me ha llamado la atención el nombre de estos pequeños ‘establecimientos’. Cuando era niño, por lo visto (según mi madre) les tenía miedo por esto mismo y por su apariencia, con esa cortinilla ahí en plan Twin Peaks. Creía que le iba a entregar mi alma a Bob… Yo ahora lo niego tajantemente, toda la vida he sido un machote, jaja.

    Te seguiré desde las sombras, que pases unas felices fiestas 😉

  2. linoleo Says:

    En amelie el fotomatón es un protagonista más.

  3. tacitus Says:

    Amelie es de esas películas que por una cosa o por otra nunca he podido ver. Ya tengo otro motivo para ponerme a ello

  4. harey Says:

    Antes de volver a casa, en aquellos años de juergas adolescentes en las que no existían las digitales ni los móviles con cámara (y ya me remonto…) era una parada imprescindible. Conservo unas cuantas aún, y me asombra que sobreviviéramos a esos años.

    Vamos, me asombro de que no nos detuvieran por la calle.

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