Llegadas

Hablamos de regresos, o mejor de llegadas. El otro día fui al aeropuerto a recoger a mi padre. Cuando llegué, su vuelo acababa de aterrizar. Tardó casi tres cuartos de hora en salir. Así que me dio tiempo para pensar algo que escribir aquí. En la pantalla, por encima de su vuelo había unos cuantos: de Palma de Mallorca, de Gran Canaria, de Madrid, de Palermo, de Nápoles y de Copenhage. Por debajo alguno más, de Paris, o de Lisboa. Mi primera preocupación fue pensar si no habría salido ya, que por una de esas cosas hubiera llegado antes de tiempo, y encima la salida hubiera sido fulgurante. Veía las oleadas de pasajeros saliendo y trataba de encontrar pistas que me permitieran saber de qué avión venían. Ví pasar a Baltasar Porcel, escritor mallorquín, por lo que deduje que ese era el vuelo de Palma. Hordas de gente cargadas de ensaimadas me confirmaron esa impresión. Luego salió un montón de gente más cuya procedencia no pude identificar. Miraba las cintas colocadas en las asas de las maletas, pero -al revés de lo que debería ser, al menos según mis necesidades de ese día- lo que se ve de lejos es el aeropuerto de destino, no el de origen.

La espera es relativamente entretenida. Ver los numeritos de los que esperan -alguna pancarta y todo- y de los que llegan: un cretino al que me dieron ganas de abofetar parado en la misma puerta para saludar a una multitud que no le hacía ni caso, o un señor setentón que en inglés ininteligible agitando un bastón iba pronunciando lo que debía ser su nombre. Se ve de todo, familias enteras, parejas jóvenes, parejas mayores, y mucha gente sola. Aunque esos eran más alone que lonely me puse a tararear Eleanor Rigby, all the lonely people, where do they all come from, all the lonely people, where do they all belong?.

Y tuve tiempo para que me asaltaran pensamientos profundos. La globalización, la uniformidad, los vuelos son iguales, llenos de gente con las mismas bolsas, vestidas igual, sin comportarse de acuerdo con lo que se espera de ellos. Ni siquiera los de los vuelos italianos eran reconocibles de entrada: identificar a un grupo así a la primera se está conviertiendo en algo al alcance de unos pocos, únicamente los grandes expertos, antropólogos vocacionales, conocedores de la psique humana como yo, escrutadores y observadores de los detalles más nimios podíamos saberlo, y eso solamente después de oirles hablar, entre ellos y con sus minúsculos telefoninos.

Apareció Santiago Auserón, que podía venir de cualquier sitio. Unas bolsas del parque Warner me dieron la pista del avión de Madrid, se colaron los de Lisboa -para mi decepción no salían cantando fados-, y los de Orly. Puedo afirmar que en Copenhague el porcentaje de rubios es actualmente bajísimo. Por fin, un niño con gorra del Loro Parque, el avión que yo esperaba. En seguida, mi padre. Hay que crear más parques temáticos, al final, es lo único genuino de cada sitio.

5 comentarios to “Llegadas”

  1. Bela Says:

    Me alegro de tu llegada con un equipaje lleno de nuevas historias.
    Pronto tomamos otros el relevo 😉

  2. luna Says:

    welcome back 🙂

  3. Heleatletica Says:

    jajjajaj. Genial lo de las ensaimadas. Le han traído Ron Miel?

  4. elopositor Says:

    Ya se te echaba de menos!

  5. linoleo Says:

    Pues si es una pena, pero ya todo el mundo tiene el mismo aspecto.

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