Archive for 19 mayo 2009

Diletantes en tiempos de crisis

mayo 19, 2009

Hay un tipo de negocio que si de mí dependiera no sobreviviría. No es que si yo mandara lo fuera a ilegalizar, o que aunque no mandara, que no mando, fuera a hacer una cruzada en su contra, es que no pondría jamás los pies allí. Me vino esto a la cabeza el otro día leyendo sobre la existencia de una tendencia de tiendas pop-up, aunque yo las llamaría fast-shops. Ponían ejemplos de tiendas de comidas de gatos que se convertían en restaurantes felinos. Y digo yo que eso funciona (si funciona) en época de superabundancia, donde la gente ya tiene más de lo que necesita. Hay cosas cuyo único valor añadido es la originalidad, que no es poco, pero que al mismo tiempo tampoco es para tanto. Una vez allí ¿qué?. -Oh, he llevado a mi gato a comer a un restaurante para gatos que antes era una tienda de comida para gatos. Ni siquiera contarlo es emocionante.

No hace mucho estuve un día de diario junto a la playa, cosa que no suelo hacer. Iba a comer por allí y paseaba asombrado por la cantidad de gente que había. Era en septiembre, quizás octubre. Las hordas de turistas llegaban en autocares y eran descargados en manada. Pasé por fuera de un sitio que por dentro es un iglú. Un bar de hielo. Te pones una chaqueta (polar) y te tomas tu cerveza o tu copa a temperatura de cubito. Seguro que hay gente a la que le hace gracia eso. A mí desde luego, ninguna.

No sé si diletante es la palabra más indicada, pero me gusta como queda el título. Seguro que hay gente a la que no le hace nada de gracia. Seguro que son de los que se toman una copa en un bar iglú y les gusta la experiencia.

Diletante

1. Persona que se dedica a un arte o ciencia por diversión, sin vocación.

2. Persona cuya ocupación es la mera recreación en el arte.

3. Vividor sibarita.

Eppur si muove

mayo 10, 2009

Si Leonardo viviera hoy en día, yo creo que le gustaría el fútbol. Y a Galileo también. Así que aunque no tenga mucho que ver, o a lo mejor por eso, se me ocurre esta frase, “y sin embargo se mueve”. Ahora mismo debería estar de camino al campo, pero he dejado que otros disfruten que también se lo merecen. Con independencia de lo que hagamos en los próximos partidos -que no lo sé pero estoy seguro de que será bastante bueno- ya puedo afirmar que algunos de los mejores momentos de los últimos días me los han dado ellos. Y yo me pregunto, ¿a mí qué más me dará que veintidos tíos corran detrás de una pelota -de un balón redondo por usar una expresión relativamente común-?. Pues sigo sin saberlo bien, no es un tema meramente estético, hay un montón de cosas más bonitas. Tampoco es que me afecte demasiado personalmente. Quiero decir, yo no juego, ni nadie que yo conozca. Los jugadores son todos más jóvenes que yo. Creo que debe hacer un año  desde que se retiró el último jugador de primera que era mayor que yo. Hasta el entrenador de mi equipo es un poco más joven que yo. Eso me aleja un poco de ellos. Los ídolos de uno tienen que ser mayores que uno. Es una ley natural. Por eso me alegra de que mis músicos favoritos sigan en activo, y me sigan llevando 9 años o 18.

Otro día hablaré de que el fúbol pese a su inmutabilidad, sí se mueve. A su ritmo. De que las cosas que eran esenciales en un momento concreto luego dejan de serlo. Ahora se juega con quince o veinte balones. No hace tanto, para cambiar el balón había un conciliábulo en medio campo del que formaban parte capitanes, árbitro y algún otro que se colaba en la reunión. El año que viene apuesto a que habrá más equipos que viajen el mismo día del partido. También hablaré -las teorías conspiratorias no pueden faltar- sobre las mentiras de las estadísticas, calculadas siempre sobre 90 minutos cuando es sabido que los partidos duran unos cuantos más. ¿Record de imbatibilidad de 540 minutos? Ja.

Esta entrada ha sido escrita de un tirón, en unos veinte minutos, oyendo la previa, y con un extraño pero agradable -y hasta cierto punto absurdo- cosquilleo en el estómago. En un momento empezará el partido. Galileo hubiera mirado fijamente la pelota, y al sonar el pitido inicial hubiera podido pensar eppur si muove.