It was twenty years ago today

Acabo de ver el calendario, y caer en que era 2 de noviembre. Y mi cabeza se ha ido a 20 años atrás. Yo era joven, pequeño, diría. Tenía 3 años. Tres años en esto de los conciertos de rockstars. Había debutado en el 86 viendo a Sting y sus tortugas azules, habia visto a Bowie y sus arañas de cristal, a Peter Gabriel presentando su so, y a U2 subiendo una bandera blanca a lo alto del Joshua Tree. Pero no empecé a sentirme un tío grande hasta que no ví al Macca. Recuerdo que volvía en el avión de vacaciones, de esos regresos de primeros de septiembre después de más de dos meses. Y lo leí en el periódico. Después de un montó de tiempo salía de gira. Iba a Madrid, y pensé “voy”. Y vaya si fuí, porque yo era pequeño pero decidido. Además me fuí a lo grande. El concierto fue un jueves. Llegué a Madrid un miércoles, y regresé el domingo por la mañana, derrotado pero feliz, en autobús, ese que viniera a cuento o no, siempre paraba en Alfajarín. Me acuerdo del día antes del concierto, de ver un Madrid-Milan en un bar y del día después, una fiesta de colegio mayor que ríete tú de las pelis americanas.

Pero sobre todo me acuerdo de ese día, de la emoción, de la leyenda, del tipo que había vuelto con un buen disco Flowers in the dirt, y lo salía a defender con toda convicción. Me acuerdo de pensar como rockeaba ese tío, al que nunca nadie pudo llamar blandurrio delante mío sin que saliera a defenderlo con vehemencia. Su carrera con los Wings, representada con temazos como Band on the Run o Live and Let Die, su nuevo disco con canciones como My brave face o Put it there, pero sobre todo ese repertorio inigualable con Got to Get You into My Life, The Fool On the Hill, Can’t Buy Me Love, Good Day Sunshine, I Saw Her Standing There, Hey, Jude, la deslumbrante Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y algunas otras que me dejo (incluyendo Yesterday, con la gente mandando a callar a los que la coreaban o Get Back). Y ese final imbatible, Golden Slumbers, Carry That Weight, The End.

No solamente es que disfrutase todas y cada una de las canciones, era también la emoción especialísima, que quizás nunca había sentido ni volví a sentir una igual en un concierto de rock. Fueron otras, pero como esta ninguna. Hace 20 años a estas horas estaba yo en buena posición apretujado en las primeras filas del Palacio de Deportes de la calle Goya -ardió ese día y ardió de verdad unos años después-. Era la época en que iba a los conciertos y me ponía allí delante, donde podía. Luego en los noventa ya empecé a irme a la grada, pero yo también tuve mi pasado salvaje.

Recuerdo muy bien la noche de aquel día, recuerdo flashes, momentos, destellos, y la felicidad. El Macca, puto amo.

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