Archive for 30 diciembre 2009

Dream it all up again

diciembre 30, 2009

Tal día como hoy hace 20 años, U2 estaban en Dublin tocando en una serie de conciertos de su breve Lovetown tour. El de la noche del 31, empezó en realidad al mismo tiempo que el 1 de enero, así que no se pierdan este video de entrada del año 1990. Auld lang syne y Where the streets have no name. ¿Quién da más?.

Tal día como hoy hace 20 años unas palabras de Bono fueron recibidas con alarma por sus fans: “We’ve had a lot of fun over the last few months, just getting to know some of the music which we didn’t know so much about — and still don’t know very much about, but it was fun! (pause) Anyway, thanks for coming along. It wouldn’t have been the same without you. (applause) Some people have traveled a long way to come here tonight. (applause) This — I was explaining to people the other night, but I might’ve got it a bit wrong — this is just the end of something for U2. And that’s what we’re playing these concerts — and we’re throwing a party for ourselves and you. It’s no big deal, it’s just — we have to go away and … and dream it all up again.”

¿Se separaba U2? No, como sabemos -20 años después- no se separaron. Tomaron impulso, nueva carrera, carrerilla y se fueron a Berlin y grabaron el Achtung Baby. Yo no me voy a Berlin, ni grabaré el Achtung Baby, pero sí me retiro a tomar impulso, nueva carrera, carrerilla. En septiembre estaré en Donosti viendo a U2, por cierto. Así que usando las palabras de otro, I’ve had a lot of fun over the last few years. It wouldn’t have been the same without you. (applause) This, this is just the end of something for tacitamente. It’s no big deal, it’s just — I have to go away and … and dream it all up again.

Besos para ellas y palmadas en la espalda para ellos, feliz año… y hasta pronto.

Anuncios

La vendedora de cremas

diciembre 22, 2009

El otro día iba yo andando por el centro comercial, llevaba una bolsa en cada mano, lo que ya de entrada me convertía en mal candidato. Pese a todo alguien me llamó, lo que es un error, porque si no me llaman por mi nombre, no me giro. Aún así me giré. Una chica me dijo que me acercara, a un puesto instalado en el centro del pasillo. No sé porqué fuí, hubiera sido suficiente sonreir con amabailidad, hacer un gesto señalando las bolsas y seguir andando. Pero me acerqué. La vendedora era un prodigio de persuasión, y era rápida. En un momento ya me había puesto una crema en el dorso de la mano, otra para las arrugas (¡a mí que no tengo arrugas!) y otra para bolsas en los ojos (¡a mí que no tengo bolsas en los ojos!). También me dejó una uña reluciente en un pis pas. En un momento estaba yo como la de la foto, y todo eso de pie, sin quitarme la chaqueta.

La vendedora hablaba con un acento que le deba mucho encanto, tenía una aire ligeramente italiano. Era guapa, pero sin pasarse, lo que sí tenía era mucho encanto, muy atractiva. Siguió directa a la yugular. Vio que a mí eso de las cremas antiarrugas y antibolsas de ojos me causaba poca impresión (¿cómo iba a causármela si yo no necesito eso?), pero que no había podido reprimir una exclamación de asombro al comprobar la suavidad del dorso de mi mano. Así que atacó por ahí. Se acercaba bastante, sus ojos a la altura de los míos, y pura efusividad. Si no gusta para tí puedes comprar para una madre una hermana una mujer …. Yo asentí bajando la mirada y la dejé hablar. Me explicó las virtudes de la crema de manos, que servía para mí o para una mujer. Luego directa. ¿Tienes mujer? Yo, casi avergonzado, le dije que sí. Su respuesta en voz baja, como un suspiro: todos los buenos hombres tienen mujer. Eso fue un golpe directo al hígado, o por ahí. Un golpe bajo en todo caso. Dicen que el halago debilita, en mi caso me aflojó la cartera. Me convenció sin necesidad de convencerme para que me llevara una bolsa que ya venía preparada, un buen pack. Luego no contenta añadió otra cosa, y yo como un cordero degollado le dije que sí. Contrataqué preguntando de donde era, al menos para no quedarme con la duda. Siria, me dijo. Eso le daba aún un toque más exótico. Cuando ya había pagado me seguía sonriendo. Tu vienes otro día y compras otra cosa, me dijo. Yo sonreía también, pero mientras pensaba ni hablar, si vengo me dejo la cartera en casa, bruja hechichera. Me fuí y todavía me llevé otro piropo. Hoy he vuelto al centro comercial. He evitado pasar por ahí.