La vendedora de cremas

El otro día iba yo andando por el centro comercial, llevaba una bolsa en cada mano, lo que ya de entrada me convertía en mal candidato. Pese a todo alguien me llamó, lo que es un error, porque si no me llaman por mi nombre, no me giro. Aún así me giré. Una chica me dijo que me acercara, a un puesto instalado en el centro del pasillo. No sé porqué fuí, hubiera sido suficiente sonreir con amabailidad, hacer un gesto señalando las bolsas y seguir andando. Pero me acerqué. La vendedora era un prodigio de persuasión, y era rápida. En un momento ya me había puesto una crema en el dorso de la mano, otra para las arrugas (¡a mí que no tengo arrugas!) y otra para bolsas en los ojos (¡a mí que no tengo bolsas en los ojos!). También me dejó una uña reluciente en un pis pas. En un momento estaba yo como la de la foto, y todo eso de pie, sin quitarme la chaqueta.

La vendedora hablaba con un acento que le deba mucho encanto, tenía una aire ligeramente italiano. Era guapa, pero sin pasarse, lo que sí tenía era mucho encanto, muy atractiva. Siguió directa a la yugular. Vio que a mí eso de las cremas antiarrugas y antibolsas de ojos me causaba poca impresión (¿cómo iba a causármela si yo no necesito eso?), pero que no había podido reprimir una exclamación de asombro al comprobar la suavidad del dorso de mi mano. Así que atacó por ahí. Se acercaba bastante, sus ojos a la altura de los míos, y pura efusividad. Si no gusta para tí puedes comprar para una madre una hermana una mujer …. Yo asentí bajando la mirada y la dejé hablar. Me explicó las virtudes de la crema de manos, que servía para mí o para una mujer. Luego directa. ¿Tienes mujer? Yo, casi avergonzado, le dije que sí. Su respuesta en voz baja, como un suspiro: todos los buenos hombres tienen mujer. Eso fue un golpe directo al hígado, o por ahí. Un golpe bajo en todo caso. Dicen que el halago debilita, en mi caso me aflojó la cartera. Me convenció sin necesidad de convencerme para que me llevara una bolsa que ya venía preparada, un buen pack. Luego no contenta añadió otra cosa, y yo como un cordero degollado le dije que sí. Contrataqué preguntando de donde era, al menos para no quedarme con la duda. Siria, me dijo. Eso le daba aún un toque más exótico. Cuando ya había pagado me seguía sonriendo. Tu vienes otro día y compras otra cosa, me dijo. Yo sonreía también, pero mientras pensaba ni hablar, si vengo me dejo la cartera en casa, bruja hechichera. Me fuí y todavía me llevé otro piropo. Hoy he vuelto al centro comercial. He evitado pasar por ahí.

4 comentarios to “La vendedora de cremas”

  1. Hele Says:

    Uiss, lo que le va a gustar a Alice Silver esta entrada. Y es que algunas estrenamos vida laboral a pie de stand. Hubo un día que a Silver casi la pegan por reírse de una señora con bolsas en los ojos a la que yo quería vender una crema.
    En fín, un abrazo D. Tacitus y que en el próximo año siga haciéndonos partícipes de sus cuitas.

    Hele

  2. Alice Silver Says:

    Es que la bendita señora pensaba como Tacitus, que no tenía bolsas y me entra diciendo que quería una crema para los ojos aunque los tenía fenomenal ¡y le llegaban las bolsas a los hombros!. Y yo que no soy tan amable como la vendedora de la entrada, no me pude controlar. Menos mal que me salvó mi hermanita explicándole con todo lujo de detalles que yo sufría de una enfermedad mental grave y estaba trabajando como parte de un programa de integración y la cosa no fue a más.
    Si, estas historias cotidianas me gustan mucho y los pensamientos en off, más.
    Pues nada Tacitus y compañía, ¡Feliz Navidad!

  3. tacitus Says:

    Epílogo. El otro día volví por allí. Lo miré desde lejos, con fascinación proximoriental. Mi amiga siria, con gorro de Papá Noel, le estaba sacando los cuartos a un pobre incauto. Me ví reflejado en él, tenía la misma mirada indefensa que yo, y echaba mano a su cartera. A mi señora le gustó el regalo, ella ya conocía el sitio, hacía unos meses había comprado allí. Me dijo que la atendió un egipcio. Campodetenis, creo que se llamaba.

    Pues ya llego tarde para la Navidad, así que ¡feliz año! Zipi y Zape -y el resto de lectores- … No me quedan muchos papeles, no me pega Peloto -amigo de Zape- así que me temo que me toca Sapientín.

  4. Alice Silver Says:

    Feliz Año Sapientín, nos vemos a tu vuelta.

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