Archive for the ‘Cinecitacitus’ Category

Porqué no voy al cine

marzo 25, 2008

Estoy un poco cansado de oir determinados mensajes repetitivos que se asumen sin más como certeza, sin dar más vueltas y buscar otras explicaciones. Uno muy recurrente es el que insiste en la contínua pérdida de espectadores en las salas de cine, que de manera evidentemente simplista se achaca “a la piratería y a Internet”.

Es verdad que los intermediarios sí son diferentes, pero al final de la cadena, son los mismos que bombardean con un montón de nuevos formatos, de la DS a la PS, del pack de series en DVD a la película de regalo en la revista, a la TDT o el pago por visión en sus diversos formatos.

Yo tengo muy claro que con tanta oferta, para hacerte salir de casa a hacer algo que puedes hacer en poco tiempo por mucho menos precio y seguramente mucho más cómodo, hay que dar razones más convincentes que un simple lamento por el poco respeto que hay en este país a la propiedad intelectual. No es lo mismo ver el partido en la tele que ir al campo, ni estar en el concierto en directo en la sala que en el salón de casa. También es verdad que ir al cine, estar con las luces apagadas y la gran pantalla es una sensación muy particular, pero desde luego tiene inconvenientes.

Yo últimamente solamente voy a ver películas para niños. Ir a ver las (cada vez menos) películas que me interesan es cada vez más raro. Me gusta ir al cine en versión original, lo que me condiciona algo la elección de salas. Luego está el precio. Como vivo fuera (fuera de cualquier sitio), tengo que ir en coche, lo que suele ir acompañado de gasto de aparcamiento. Comer algo antes de entrar, porque tampoco es plan de salir corriendo de casa, meterte en el cine y volver, ni cenar a las ocho de la tarde de prisa y corriendo. Suma la canguro y las entradas … y sale por un precio equivalente a cualquier otra actividad alternativa que no tiene un sustituto doméstico tan fácil como salir a cenar, ir al teatro … aunque cualquier día escribiré un “porqué no voy al teatro”.

Añadamos a eso que con frecuencia la gente come, bebe y habla en el cine como si estuviera en su casa. Esa magia que decía antes de apagarse las luces, y estar ahí ante la pantalla dispuesto a lo que fuera durante un rato, quizás todavía se podría percibir en esas sesiones de tarde semivacías, que por desgracia ahora no puedo frecuentar como hacía antes. A lo mejor cuando me jubile vuelvo.

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Testigo de cargo

junio 19, 2007

Billy Wilder es uno de mis directores favoritos. Por su versatilidad, y sobre todo por su estilo ágil, directo, mordaz. Toca varios palos y todos ellos bien. Desde el clásico noir, con Perdición, a la comedia alocada de Con faldas y a lo loco, la más agridulce de El apartamento, o el drama clásico que es El crepúsculo de los dioses. También hizo una incursión en una película de intriga, un drama judicial. Testigo de cargo, basada en una obra de Agatha Christie, y de la que uno recuerda siempre su final sorpresa, ya no con uno sino con dos, o hasta tres, giros consecutivos.

Al acabar la película se pide al espectador que por favor no comente el final. O sea que si no la has visto, no seas cotilla y no sigas leyendo. Aunque también es cierto que yo recordaba el final, pero la he disfrutado igual. Hacía tiempo que no la veía, la he recuperado hace unos días y me ha gustado mucho. Ritmo y agilidad en el guión, y excelentes actores.

Billy Wilder lleva a su terreno la trama ideada por la señora Christie. En algunas escenas se intuye esa mala leche wilderiana, como en el diálogo inicial donde el abogado gruñón le dice a la enfermera eso de si hubiera sabido que ella hablaba tanto no se hubiera despertado del coma. Ella, magnífica, es Elsa Lanchester, esposa en la vida real de Laughton, y ciertamente, sus escenas son dignas de un matrimonio de esos que llevan toda la vida juntos, que discuten todo el rato, que gruñen, pero que no pueden estar separados.

En cuanto a los actores, me ha gustado incluso Tyrone Power que en general no me entusiasma, y aquí hace un buen papel, sobre todo cuando se mesa los cabellos desesperado y clama su inocencia. Laughton está soberbio. Vaya actorazo. Y la Dietrich para mí es lo mejor de la función. Tanto en ese flashback berlinés, como en la visita a Sir Wilfred como en sus apariciones en el estrado.

Desde la escena inicial de presentación, con un plano de la sala de juicios, y esa música solemne e intrigante, se advierten hechuras de clásico, sin adornos innecesarios, sin frivolidades de cara a la galería. Estilo simple y directo y casi 100 minutos de entretenimiento de nivel.

Mc Guffin

abril 11, 2007

Hitchcock usaba habitualmente el Mc Guffin, invento suyo, como recurso en sus películas. Era la excusa, el pretexto en torno al que giraba toda la historia, aunque en sí mismo careciera de importancia para el desarrollo de la misma. Son buenos ejemplos Encadenados o Con la muerte en los talones. ¿Alguien sabe con exactitud lo que mueve esas dos historias? ¿Qué más da que fuera uranio enriquecido o contrabando de diamantes? ¿Lleva a algún sitio toda esa red que acecha a Cary Grant o esa avioneta que le persigue en una escena que como decía Truffaut en su libro de conversaciones con el maestro, con el otro maestro, era grande por ser totalmente gratuíta?.

Leí hace poco una entrevista con George Lucas que decía que entre los problemas que habían pospuesto el rodaje de la cuarta parte de Indiana Jones era la falta de un buen Mc Guffin que actuara como desencadenante de toda la acción. Reconocía además que en la segunda parte de la saga el Mc Guffin no tenía entidad para llevar el peso de la película.

Me acordé de esto del Mc Guffin viendo hace poco La casa de las dagas voladoras. Me da la impresión que Zhang Yimou se sabe la biblia del Mc Guffin al dedillo, y construye así una película visualmente perfecta en torno a una historia que nadie sabe muy bien cual es, pero que tampoco importa mucho.

Luego también se me ocurrió que esto del Mc Guffin es recurso habitual en muchos blogs, este mismo, por ejemplo. Con una excusa cualquiera como punto de partida uno cuenta una historieta. Y me vino a la cabeza aquella bonita frase de Lennon, “la vida es lo que te va ocurriendo mientras estás ocupado haciendo otros planes”. Será porque la vida tiene un punto de Mc Guffin.

Y también dos huevos duros (o cincuenta)

marzo 21, 2007

Nunca se me había ocurrido pensar que los huevos duros eran parte de la historia del cine. Primero, la escena del camarote de los Hermanos Marx de Una noche en la ópera. Una escena delirante, que he visto decenas de veces, y que siempre, invariablemente, en el momento final en que se abre al puerta y caen todos a presión acabo soltando una carcajada. La cada vez más estrambótica petición de servicios se incrementa siempre con una bocina de Harpo y Chico apostillando “y también dos huevos duros”.

Luego está La leyenda del indomable, y esa escena imborrable de Paul Newman comiendo huevos duros, hasta cincuenta. Recuerdo que la dieron en televisión cuando era pequeño. Al día siguiente, los días siguientes, en el colegio todo el mundo hablaba de ella. Como había pasado unos años atrás con López Vázquez encerrado en La cabina, había causado verdadero impacto. Además, solamente había un canal de TV, así que todos veíamos lo mismo.

Ayer murió Stuart Rosenberg, director de esta película, y de algunas otras como la también carcelaria e igualmente estimable Brubaker , en este caso con Redford, el compañero de Newman en dos películas inolvidables. Hace poco tuve ocasión de ver un encuentro entre ambos en un interesante documental en donde se confirmaba una vez más lo que ya sabíamos todos, que son dos grandes.

Buscando algún enlace, en algunos sitios, preferentemente mexicanos, he visto anunciada la muerte de Rosenberg refiriéndose a él en titulares como el director de The Amytiville Horror. Nunca se me hubiera ocurrido describirlo así. Como es preceptivo decir en estos casos, descanse en paz.

Luke, soy tu padre

enero 21, 2007

Hay frases que pasan a la historia, aunque en realidad nunca se dijeran. Igual que Ilsa no dijo nunca “Tócala otra vez Sam”, las palabras que pronunció Darth (nadie le llama así, todo el mundo le llama por su nombre y apellido, como si Darth no fuera lo suficientemente distintivo) fueron “no, yo soy tu padre”, obviamente mucho menos propicias para convertirse en frase célebre.

Soy bastante seguidor de esta saga. Por razones de edad y calidad, básicamente de la trilogía original. De la primera recuerdo el tumulto que había en el cine el día que fuí. Eso y que la ví, nada más. Del Imperio contraataca, donde la ví, con quien, y sobre todo la sensación al salir de que había ido a ver una película que acababa preparando su continuación. Y eso no me gustó nada, así que hasta hace poco no me he reconciliado del todo con ella. También recuerdo cuando y con quien fuí a ver El retorno del Jedi, y la razón que tenía aquel amigo mío que poco después rebatía mi entusiasmo y criticaba la infantilización que suponía la entrada en escena de los Ewoks. Con el paso del tiempo he visto varias veces cada una de ellas, y siempre me convencen.

La nueva trilogía me ha dejado un sabor agridulce. Menor calidad, pero reencuentro con viejos conocidos, o con mundos lejanos pero a la vez muy nuestros. No fuí al cine a ver La amenaza fantasma ante las críticas que recibió. Así que con bajas expectativas, cuando la ví en casa, en DVD, en versión original, no me disgustó tanto. Otro tanto me pasó con la extraña El ataque de los clones, que combina algunos momentos buenos, sobre todo los de ese ambiente Blade Runner, con una historia confusa, y muchos diálogos sonrojantes. Finalmente fuí a ver La venganza de los Sith al cine. Fuimos los cuatro, y a mitad de película -el pequeño se aburrió y se lo llevó su madre- quedábamos dos: mi hijo mayor y yo. De toda la película recuerdo dos cosas. La estupenda escena con estética de filme de gangsters donde van aniquilando a los Jedi, y la conversación con mi hijo. “Tengo pipi” “Pues vamos” “No, que me la pierdo” “Pues nos quedamos” “No, que no aguanto. Bueno, ya me la comprarás cuando salga en DVD”. Nos perdimos apenas un minuto de película.

Al final es verdad que, como dice George Lucas, es una historia de un padre y un hijo. De “Luke, soy tu padre”, a “Papa tengo pipi”. La saga de Star wars resumida en dos frases.

Breve encuentro

septiembre 12, 2006

Era el puente de Todos los Santos de 1990, en un viaje relámpago a Londres. No era muy tarde, pero sí era muy de noche. Mi amigo y yo paseábamos por una de esas calles del Soho, perpendiculares a Oxford Street. Hicimos una pausa al ver una pequeña alfombra roja, con una limousina esperando. Solamente estaba el chófer. No recuerdo si preguntamos a quien esperaba, yo diría que sí. A lo mejor solamente esperamos un poco más, porque no tardó mucho en aparecer. La mujer que aparece en la foto era su hija, recuerdo que con voz nasal preguntó “Daddy are you tired?”, y daddy no sé ni si contestó, porque se le veía efectivamente cansado. Yo estaba allí, al lado de ese hombre legendario pero no me atreví a decir nada. Subió al coche, mi amigo pudo sacar la foto, se fue. No sé que hacía allí, si recogería algún premio, o trabajaba en ese Nostromo que dicen le ocupaba cuando murió en abril de 1991 a los 83 años. No me extrañaría que fuera una de las últimas fotos de sir David Lean. Éramos cinco personas: el fotógrafo, el genio, el chófer, la hija y el curioso. A unos veinte metros, un corrillo de diez o quince personas observaban con gran interés como la grúa se llevaba un coche. Cosas de Londres.