Archive for the ‘El viajar es un placer’ Category

Sospecha

octubre 2, 2009

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Como todo el mundo sabe, viajar en avión se ha convertido en un coñazo, incluye tener que pasar por unas medidas de seguridad mayormente absurdas, y en general sentirse tratado de manera indigna. Nosotros al fin y al cabo lo sufrimos cuando vamos al aeropuerto, pero en algunos sitios lo de la seguridad es un poco exagerado. En Inglaterra, por poner un ejemplo aleatorio, llaman la atención varias cosas. Primero, la abundancia de cámaras de seguridad por la calle. Hasta mi hijo pequeño se dio cuenta, de hecho se dio cuenta él antes que yo de la gran cantidad que había. Luego otros detalles: en muchos lugares públicos han eliminado la papeleras. Eso se nota especialmente en las estaciones de tren. No hay papeleras, ni bancos donde sentarse. Supongo que quieren evitar que los terroristas se sienten a descansar. Eso genera situaciones cómicas. Lo viví un par de veces en King’s Cross. Los trenes se anuncian según van llegando a la vía que corresponde, con una antelación que a veces no llega ni a diez minutos, así que la gente está de pie, agolpada en el hall hasta que sale su tren en pantalla, y entonces la riada humana se dirige a la vía que toca.

De todos modos, lo que más me llamó la atención en materia de seguridad fueron carteles como el de arriba, que cogí en el aeropuerto el día que llegué. Toda una apología de la sospecha y de la delación. “No confíes en los otros, si sospechas, informa”. Supongo que al final lo que nos puede salvar es el sentido del humor, como el del que se molestó en hacer un cartel exactamente igual al auténtico en su diseño -hasta poniendo el numero de contacto real-, pero de contenido ligeramente más irónico.

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Summertime in England

julio 22, 2009

Vaya, me he acordado de que me había ido sin despedirme. Aquí estoy, tomando el aire, y algunas duchas de agua de nube. Volvemos en septiembre. Que sean felices.

Can you meet me in the country
In the summertime in England
Will you meet me?
Will you meet me in the country
In the summertime in England
Will you meet me?
We’ll go riding up to Kendal in the country
In the summertime in England.
Did you ever hear about
Did you ever hear about
Did you ever hear about
Wordsworth and Coleridge, baby?
Did you ever hear about Wordsworth and Coleridge?
They were smokin’ up in Kendal
By the lakeside
Can you meet me in the country in the long grass
In the summertime in England
Will you meet me
With your red robe dangling all around your body
With your red robe dangling all around your body
Will you meet me
Did you ever hear about . . .
William Blake
T. S. Eliot
In the summer
In the countryside
They were smokin’
Summertime in England
Won’t you meet me down Bristol
Meet me along by Bristol
We’ll go ridin’ down
Down by Avalon
Down by Avalon
Down by Avalon
In the countryside in England
With your red robe danglin’ all around your body free
Let your red robe go.
Goin’ ridin’ down by Avalon
Would you meet me in the country
In the summertime in England
Would you meet me?
In the Church of St. John . . .
Down by Avalon . . . .
Holy Magnet
Give you attraction
Yea, I was attracted to you.
Your coat was old, ragged and worn
And you wore it down through the ages
Ah, the sufferin’ did show in your eyes as we spoke
And the gospel music
The voice of Mahalia Jackson came through the ether
Oh my common one with the coat so old
And the light in the head
Said, daddy, don’t stroke me
Call me the common one.
I said, oh, common one, my illuminated one.
Oh my high in the art of sufferin’ one.
Take a walk with me
Take a walk with me down by Avalon
Oh, my common one with the coat so old
And the light in her head.
And the sufferin’ so fine
Take a walk with me down by Avalon
And I will show you
It ain’t why, why, why
It just is.
Would you meet me in the country
Can you meet me in the long grass
In the country in the summertime
Can you meet me in the long grass
Wait a minute
With your red robe . . .
Danglin’ all around your body.
Yeats and Lady Gregory corresponded . . .
And James Joyce wrote streams of consciousness books . . .
T.S. Eliot chose England . . .
T.S. Eliot joined the ministry . . .
Did you ever hear about . . .
Wordsworth and Coleridge?
Smokin’ up in Kendal
They were smokin’ by the lakeside . . .
Let your red robe go . . .
Let your red robe dangle in the countryside in England
We’ll go ridin’ down by Avalon
In the country
In the summertime
With you by my side
Let your red robe go . . .
You’ll be happy dancin’ . . .
Let your red robe go . . .
Won’t you meet me down by Avalon
In the summertime in England
In the Church of St. John . . .
Did you ever hear about Jesus walkin’
Jesus walkin’ down by Avalon?
Can you feel the light in England?
Can you feel the light in England?
Oh, my common one with the light in her head
And the coat so old
And the sufferin’ so fine
Take a walk with me
Oh, my common one,
Oh, my illuminated one
Down by Avalon . . .
Oh, my common one . . .
Oh, my storytime one
Oh, my treasury in the sunset
Take a walk with me
And I will show you
It ain’t why . . .
It just is . . .
Oh, my common one
With the light in the head
And the coat so old
Oh, my high in the art of sufferin’ one . . .
Oh, my common one
Take a walk with me
Down by Avalon
And I will show you
It ain’t why . . .
It just is.
Oh, my common one with the light in her head
And the coat so fine
And the sufferin’ so high . . .
All right now.
Oh, my common one . . .
It ain’t why . . .
It just is . . .
That’s all
That’s all there is about it.
It just is.
Can you feel the light?
I want to go to church and say.
In your soul . . .
Ain’t it high?
Oh, my common one
Oh, my storytime one
Oh, my high in the art of sufferin’ one
Put your head on my shoulder . . .
And you listen to the silence.
Can you feel the silence?

If you believed they put a man on the moon

marzo 25, 2009

Este año se cumplen 40 años de algunas cosas. De la llegada del hombre a la Luna, por ejemplo. O del concierto de los Rolling Stones en Altamont. Seguro que cuando llegue la fecha oiremos hablar de ambos. En unos meses tendremos hombre en la luna a todas horas. La frase de Neil Armstrong no sé a quien se le ocurrió, pero es brillante.

Hasta que ví Capricornio Uno, debía tener 12 ó 13 años, no se me había ocurrido pensar que todo podía ser un fraude -en realidad esta no se atrevía a tanto y se refería a Marte-. Hace tiempo recibí un powerpoint, cuyo contenido he visto luego reproducido en algunos sitios, en donde se demostraba la existencia de una serie de errores que conducían a la inequívoca confusión conclusión de que todo había sido un engaño. Yo sigo creyendo que sí, que hubo alunizaje.

También es verdad que Tintin llegó primero. Hace unos meses ví un reportaje en el que sorprendía la cantidad de cosas y detalles que había acertado Hergé ¡en 1950!. Claro, que antes que él ya se habían aproximado mucho a lo que luego pasó (o no) otros visionarios, como Julio Verne y su De la tierra a la luna, o los de aquella vieja película de la prehistoria del cine mudo, titulada sencillamente Viaje a la luna, del pionero Méliès.

Bien pensado, ¿para qué fue el hombre a la luna? Supongo que para demostrar que se podía ir. No es un dato muy conocido, pero según parece -uno ya no se cree nada- hubo un total de seis visitas con paseo entre 1969 y 1972. Lo que sí parece claro es que luego no han vuelto, así que se confirma que fue por aquello de “yo estuve allí”. Sobre los viajes posteriores al primero no se suele hablar tanto, y desde luego, los que fueron la segunda vez, Charles “Pete” Conrad, Richard Gordon y Alan Bean no son ni de lejos tan conocidos como Neil Armstrong, Edwin “Buzz” Aldrin y Michael Collins -aunque este suena más a película sobre héroe irlandés, o en su defecto pub  con guinnes y tréboles-. Después del Apolo 11 siguieron los Apolo 12, 14, 15, 16 y 17. El Apolo 13, el de la peli de Tom Hanks, se quedó a medias. Precisamente, al personaje que interpretaba, James “Jim” Arthur Lovell Jr le corresponde el honor de ser la única persona en haber ido a la luna dos veces y no haber paseado por ella ninguna.

La luna inspira grandes canciones. Entre mis favoritas una habla de darse un paseo por la luna y otra incide en las dudas sobre si el hombre llegó allí, aunque en realidad  no es ese el tema central de la canción. Parece -con Stipe nunca se sabe- que trata del cómico Andy Kaufman: Walking on the moon de The Police y Man on the moon de REM. Así que empiezo cantando eso de Giant steps are what you take walking on the moon y acabo con ese subidón que es el if you believed they put a man on the moon.

Llegadas

septiembre 17, 2008

Hablamos de regresos, o mejor de llegadas. El otro día fui al aeropuerto a recoger a mi padre. Cuando llegué, su vuelo acababa de aterrizar. Tardó casi tres cuartos de hora en salir. Así que me dio tiempo para pensar algo que escribir aquí. En la pantalla, por encima de su vuelo había unos cuantos: de Palma de Mallorca, de Gran Canaria, de Madrid, de Palermo, de Nápoles y de Copenhage. Por debajo alguno más, de Paris, o de Lisboa. Mi primera preocupación fue pensar si no habría salido ya, que por una de esas cosas hubiera llegado antes de tiempo, y encima la salida hubiera sido fulgurante. Veía las oleadas de pasajeros saliendo y trataba de encontrar pistas que me permitieran saber de qué avión venían. Ví pasar a Baltasar Porcel, escritor mallorquín, por lo que deduje que ese era el vuelo de Palma. Hordas de gente cargadas de ensaimadas me confirmaron esa impresión. Luego salió un montón de gente más cuya procedencia no pude identificar. Miraba las cintas colocadas en las asas de las maletas, pero -al revés de lo que debería ser, al menos según mis necesidades de ese día- lo que se ve de lejos es el aeropuerto de destino, no el de origen.

La espera es relativamente entretenida. Ver los numeritos de los que esperan -alguna pancarta y todo- y de los que llegan: un cretino al que me dieron ganas de abofetar parado en la misma puerta para saludar a una multitud que no le hacía ni caso, o un señor setentón que en inglés ininteligible agitando un bastón iba pronunciando lo que debía ser su nombre. Se ve de todo, familias enteras, parejas jóvenes, parejas mayores, y mucha gente sola. Aunque esos eran más alone que lonely me puse a tararear Eleanor Rigby, all the lonely people, where do they all come from, all the lonely people, where do they all belong?.

Y tuve tiempo para que me asaltaran pensamientos profundos. La globalización, la uniformidad, los vuelos son iguales, llenos de gente con las mismas bolsas, vestidas igual, sin comportarse de acuerdo con lo que se espera de ellos. Ni siquiera los de los vuelos italianos eran reconocibles de entrada: identificar a un grupo así a la primera se está conviertiendo en algo al alcance de unos pocos, únicamente los grandes expertos, antropólogos vocacionales, conocedores de la psique humana como yo, escrutadores y observadores de los detalles más nimios podíamos saberlo, y eso solamente después de oirles hablar, entre ellos y con sus minúsculos telefoninos.

Apareció Santiago Auserón, que podía venir de cualquier sitio. Unas bolsas del parque Warner me dieron la pista del avión de Madrid, se colaron los de Lisboa -para mi decepción no salían cantando fados-, y los de Orly. Puedo afirmar que en Copenhague el porcentaje de rubios es actualmente bajísimo. Por fin, un niño con gorra del Loro Parque, el avión que yo esperaba. En seguida, mi padre. Hay que crear más parques temáticos, al final, es lo único genuino de cada sitio.

Aerolíneas Ben-Hur

abril 7, 2008

Una compañía aérea ha anunciado recientemente la división de sus aviones en cuatro franjas tarifarias. De buenas a primeras se me ocurre que se acaba con la clásica división en dos bandos: entre ricos y pobres, entre business y turista, entre los que viajan pagados por la empresa y los que se lo tienen que pagar ellos. Reflejo de una mayor complejidad en el mundo, hay ahora intercaladas una clase media alta y otra media baja. Los extremos, muy alejados entre sí.

Eso cambia los aviones tal como los conocemos. Falta por ver como se articulará la separación. Las clásicas cortinillas, o métodos más radicales. No podemos descartar que en vuelos transoceánicos podamos ver historias de amor imposibles, estilo Titanic. La sinopsis vendría a ser “chica de fila 2 se aventura al descubrimiento de las partes marginales del avión y vive un romance breve con chico de fila 37”.

Creo que esto no acabará aquí. El siguiente paso, para el que solamente falta un poco de valentía e iniciativa empresarial, será el poner en la bodega a unos pasajeros (eso de entrada, más adelante, también en la bodega habrá clases), que podrían practicar remo a 10.000 metros, o incluso adaptándonos a nuevos tiempos, producirían energía dando pedaladas a una especie de bicicleta estática. Con el lema de hacer deporte a la vez que reducir gasto energético, los bajos de los aviones irían llenos de modernos ben-hures.

Pensé en este topic, con su título y todo el sábado por la noche. La imagen de las galeras, de Ben-Hur, tenía rostro, claro. El domingo por la mañana oí la noticia de la muerte de Charlton Heston. Me pareció una extraña coincidencia.

Paris desde el río 1½

abril 2, 2008

Hace cerca de año y medio empecé con una historieta titulada Paris desde el río. Año y medio después volví a Paris, y volví a verlo desde el río. En algunos aspectos puede decirse que hemos mejorado. Ahora incluso tengo un móvil que hace fotos, y alguna vez tenía que utilizarlo. Además, esta vez fuí en la flota fetén, no sin cierta nostalgia de otros tiempos peores, los tiempos de las vedettes.

Subí a la Torrre Eiffel, cosa que en mi anterior visita no había hecho, y que sinceramente, es de esas cosas que solamente sirve para decir que lo has hecho. Porque sí, vale, hay una buena vista de Paris, pero realmente tampoco es para tanto. Las colas, el gentío, el hecho de que desde el Sacré Coeur se tenga una panorámica semejante, son algunas razones para ponerlo en la lista de cosas que no hace falta hacer ni siquiera una vez si visitas Paris.

A pesar de que la visita no fue muy larga, era la primera parada del viaje, le saqué provecho. Por ejemplo, estuve en Versalles. Al volver me he informado un poco más, porque uno se da cuenta que sabe tres o cuatro tópicos o lugares comunes sobre determinados acontecimientos, y que desde luego, no hay nada mejor para despertar el interés por la historia que visitar sitios históricos.

Estar alojado en un barrio distinto que en mi visita anterior fue bueno, pues aunque estuve de nuevo por algunas zonas, por regla general visité sitios totalmente distintos. Repetí, y me alegro, el paseo en torno a Notre Dame y la Ille de la Cité. Como novedad, por decir una, la visita a la Place des Vosges, que hizo honor a la fama que la precedía como una de las plazas más bonitas del mundo.

Por tierra, mar y aire. Debo confesar que sí me pareció sorprendente ver Paris desde el aire, en concreto desde el avión de regreso, en una larga vuelta, parecía que el piloto se recreaba, con la torre Eiffel de referencia. Una panorámica nocturna fantástica, a vista de pájaro ciertamente.

Y volviendo a lo de ir en barquito por el río … pues casi estaría en la lista de cosas que con una vez ya vale. Pero ya se sabe, donde manda patrón no manda marinero. El recorrido era incluso un poco más largo, era de día y no de noche … y poca novedad más. De todos modos, no lo digo muy alto, creo que con dos veces basta.

Impresión, amanecer

febrero 12, 2008

No voy a hablar de arte. Entre otras razones, porque tengo poco que decir al respecto. Algunas cosas me gustan, otras no, pero no puedo opinar mucho más allá de eso. Sí es verdad que me gustan los impresionistas, y bastante. Y que me acordé de este cuadro el otro día, que cogí un avión de esos de hora temprana, de los que te obligan a madrugar mucho, demasiado. Al menos uno puede ver salir el sol casi al tiempo que despega, lo que es buena recompensa al madrugón.

Siempre me sorprende ver el tráfico que hay a las seis de la mañana. Luego dicen que la gente no trabaja, y en mi opinión ese era tráfico de curritos. No deja de ser raro levantarte en silencio, salir de casa como un fugitivo, conducir aún de noche y llegar al aeropuerto y encontrarte un montón de gente. Da tiempo de dar un paseo, porque hay que ir con antelación. Ahora tenemos -¡aleluya!- la opción de ir ya con la tarjeta de embarque, pero nadie nos quita tener que pasar el absurdo control. Mi anterior vuelo mañanero coincidió con un tremendo atasco en esa zona que me hizo ir un poco más pronto todavía.

Luego, esperando el despegue sentado junto a la ventana, mirando hacia el horizonte, un montón de colores, de matices de luz. Despegar saliendo hacia el mar y disfrutar de la estupenda visión del sol saliendo al mismo tiempo. La llegada, a un sitio de esos donde caminas de la pista a la terminal, lo que siempre es agradecido -siempre si el paseo es de unos cuantos metros-. Me dí la vuelta y miré el avión. Me gusta ver el nombre, normalmente no se puede porque lo tapa el finger. Le dije adios al Macarella.

En el hotel

septiembre 14, 2007

Cuando uno está unos días en el hotel, en cualquier hotel, se siente un poco como esos protagonistas de las novelas de Agatha Christie. Muerte en el Nilo o Asesinato en el Orient Express, por ejemplo. Un grupo de gente reunido en un espacio más o menos cerrado, o al menos delimitado, y conviviendo durante algún tiempo. En los hoteles urbanos los espacios comunes son menores, y también lo es el tiempo que pasas en ellos. En cambio, en destinos de vacaciones, además de que la estancia suele ser más larga, las posibilidades de encuentro son mucho mayores.

Haya más o menos gente, la atención siempre se fija en unos cuantos concretos, normalmente por algún detalle casual, como coincidir en el ascensor o en el momento de llegar. Luego te vas encontrando con ellos. En el desayuno, en la piscina, en la playa, o en la cena. Con otros también, pero son meros secundarios. Me pasé buena parte de la estancia con ojos escrutadores, entrecerrados, a lo Mitchum haciendo de Marlowe, mirando silencioso, con cierto aire distante. En parte puede deberse a que soy un poco miope, y perdí las gafas al tercer día.

Es inevitable establecer categorías. Tipologías de familias: las que se llevan incluso a la chica para que cuide a los niños (¡!), las escandalosas en todo momento y lugar, que incluyen como subtipo las que discuten entre ellos de manera exagerada. Luego están las más normales, que al final son en las que se fija uno, porque las otras son muy previsibles. Las parejas también son interesantes. Los que no se hablan, ni apenas se miran, los que se hacen arrumacos constantemente, los más apasionados.

Hace dos años  me fijé especialmente en una pareja con una hija de unos 13 años. Él era como Mario Conde -no el de ahora, sino el de su buena época-, moreno, gomina, bermudas, polo, todo impecable. Su mujer, guapísima, muy elegante, demasiado elegante, incluso en la piscina, pero siempre con aspecto como de tristeza. Coincidíamos en la cena, y él aleccionaba a la niña sobre el marisco que debía elegir, siempre en cantidades muy moderadas.

Esta temporada, más que una familia concreta, tengo catalogado como favorito un perfil, que al menos es el que más me ha llamado la atención, por ser un modelo constante, casi una categoría ontológica (con perdón). Él es fornido, musculoso, diría que vigoréxico. Ella es pequeña, flaca, de melena rubia, va con pantalón corto. Los dos llevan tatuajes en varios sitios. Es lo bueno de verano, puedes comparar tobillos y antebrazos. Hacen sudokus y duermen al sol. Y yo siempre cerca, escrutando, con los ojos entrecerrados, aunque lleve mis gafas de sol (graduadas, por cierto).

Venecia, de fábula (II)

junio 26, 2007

(viene del capítulo anterior)

 

Así que con referentes como los señalados, entre otros muchos, en mi aproximación a Venecia tenía buenas expectativas, que se cumplieron sobradamente. La llegada ya es espectacular. Mientras desciendes ves toda la laguna, en cuando te bajas del avión te vas a coger un taxi que es una lancha, que obviamente va por el agua -lo mismo si optas por el transporte público, un vaporetto– . Además con la gracia de viajar un viernes, que tiene siempre esa cosa tan gratificante que da pensar “esta mañana he ido a trabajar y ahora estoy cenando pizza en una terraza veneciana”. También es verdad que creo que aunque hubiera ido a Lieja, por citar una de las ciudades más feas que recuerdo, hubiera estado contento.

Venecia es una ciudad con mucha gente mayor, sus habitantes, y con muchos turistas, de edades diversas. Estos se concentran especialmente alrededor de la Plaza San Marcos. Calles atestadas de gente, con desvíos que dan a canales vacíos. Muchos americanos. Creo que más que en todo Wichita. Es una ciudad llena de gente que va con maletas de un lado a otro, porque los coches no entran, y tienes que andar acarreándolas, mucho o poco, depende donde te deje el vaporetto, la lancha-taxi, o la góndola. O el tren si llegas por esa vía.

No es tan cara como uno pudiera creer, al menos no lo es si vas desde Barcelona. Los helados mayormente a un euro, precio por el que aquí no encuentro en ningún lado. Las pizzerias y trattorias más baratas, o al menos no más caras, y desde luego más auténticas. Eso sí, prohibitivo y hasta cierto punto absurdo, tomarse algo en la Plaza San Marcos. Un poquito más allá, en el Campo de San Stefano se está mucho mejor.

Y luego, los lugares comunes. El paseo en góndola, topicazo para turistas y todo lo que querais, pero vale la pena. Luego están los puentes, el de Rialto, el de la Academia o el de los Suspiros son los más famosos, pero hay muchos más, cerca de 500. Hasta Calatrava va a hacer uno, según parece. El Puente de los Suspiros está dentro del Palacio Ducal, y comunica la sala de juicios con las mazmorras. Los suspiros los daban los condenados, claro. Me parece más interesante lo que se ve desde dentro -imaginando que no hubiera turistas- que desde fuera.

Mi recomendación es tomarse las cosas con calma, resignarse a los momentos inevitables de estar rodeado por una multitud en bermudas y sandalias, y disfrutar de todo lo demás. De los canales solitarios, o de las plazas un poco sucias y desconchadas, pero con un encanto fuera de toda duda. Lo cierto es que es todo tan bonito que confieso haber caído víctima de los dos síndromes que definen al turismo del siglo XXI, el de Stendhal, que viene de lejos, y el de Nikon, más reciente.

Venecia, de fábula (I)

junio 13, 2007

Venecia es una de esas ciudades que hay que ver. Y yo no la había visto. Solamente de lejos, en películas, libros o comics. Uno de mis favoritos es este de Corto Maltés, esa Fábula de Venecia que tiene ese aire mágico de todas las historias de Corto y de la propia ciudad. Pero mis referentes ya  venían de antes. De pequeño leía entre otros al Corsario de Hierro, una tercera vía entre el Jabato y el Capitán Trueno, que seguía el mismo esquema de héroe guaperas, amigo fornido, por no decir gordo y fuerte, aquí Mc Queen el escocés, y tercero complementario, en este caso un italiano llamado Merlini, más cercano a Fideo de Mileto que a Crispín. La Bianca del Corsario, equivalente a Claudia o Sigrid, era una dama veneciana, así que varias historias tenían a Venecia como escenario.

Y tenemos el cine, claro. Aparte de la viscontiana Muerte en Venecia, pasar por aquí es obligado para todo héroe que se precie, como Indiana Jones, y su padre, o, que coincidencia, James Bond (Moonraker o la reciente Casino Royale).

Luego está la literatura. Desde Shakespeare y su Mercader, pasando por el libro de Thomas Mann en que se basa la película de Visconti, al reciente Comisario Brunetti, al que no tengo el gusto de conocer, pero del que tengo buenas referencias.

Resumiendo, que tenía ganas de ir, que es de esos sitios que uno más o menos conoce aunque nunca haya estado, y que es de esa cosas pendientes hace tiempo. Pues al final estuve en Venecia. La semana pasada.

(continuará)