Archive for the ‘Listen to me now’ Category

It was twenty years ago today

noviembre 2, 2009

Acabo de ver el calendario, y caer en que era 2 de noviembre. Y mi cabeza se ha ido a 20 años atrás. Yo era joven, pequeño, diría. Tenía 3 años. Tres años en esto de los conciertos de rockstars. Había debutado en el 86 viendo a Sting y sus tortugas azules, habia visto a Bowie y sus arañas de cristal, a Peter Gabriel presentando su so, y a U2 subiendo una bandera blanca a lo alto del Joshua Tree. Pero no empecé a sentirme un tío grande hasta que no ví al Macca. Recuerdo que volvía en el avión de vacaciones, de esos regresos de primeros de septiembre después de más de dos meses. Y lo leí en el periódico. Después de un montó de tiempo salía de gira. Iba a Madrid, y pensé “voy”. Y vaya si fuí, porque yo era pequeño pero decidido. Además me fuí a lo grande. El concierto fue un jueves. Llegué a Madrid un miércoles, y regresé el domingo por la mañana, derrotado pero feliz, en autobús, ese que viniera a cuento o no, siempre paraba en Alfajarín. Me acuerdo del día antes del concierto, de ver un Madrid-Milan en un bar y del día después, una fiesta de colegio mayor que ríete tú de las pelis americanas.

Pero sobre todo me acuerdo de ese día, de la emoción, de la leyenda, del tipo que había vuelto con un buen disco Flowers in the dirt, y lo salía a defender con toda convicción. Me acuerdo de pensar como rockeaba ese tío, al que nunca nadie pudo llamar blandurrio delante mío sin que saliera a defenderlo con vehemencia. Su carrera con los Wings, representada con temazos como Band on the Run o Live and Let Die, su nuevo disco con canciones como My brave face o Put it there, pero sobre todo ese repertorio inigualable con Got to Get You into My Life, The Fool On the Hill, Can’t Buy Me Love, Good Day Sunshine, I Saw Her Standing There, Hey, Jude, la deslumbrante Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band y algunas otras que me dejo (incluyendo Yesterday, con la gente mandando a callar a los que la coreaban o Get Back). Y ese final imbatible, Golden Slumbers, Carry That Weight, The End.

No solamente es que disfrutase todas y cada una de las canciones, era también la emoción especialísima, que quizás nunca había sentido ni volví a sentir una igual en un concierto de rock. Fueron otras, pero como esta ninguna. Hace 20 años a estas horas estaba yo en buena posición apretujado en las primeras filas del Palacio de Deportes de la calle Goya -ardió ese día y ardió de verdad unos años después-. Era la época en que iba a los conciertos y me ponía allí delante, donde podía. Luego en los noventa ya empecé a irme a la grada, pero yo también tuve mi pasado salvaje.

Recuerdo muy bien la noche de aquel día, recuerdo flashes, momentos, destellos, y la felicidad. El Macca, puto amo.

Every beauty needs to go out with an idiot

febrero 27, 2009

Ser de un grupo de música es como ser de un equipo de fútbol. Uno no sabe muy bien si lo elige o lo eligen a él, y en general es un sentimiento que dura toda la vida. La fidelidad al grupo es menos exigente que al club, porque se puede ser de varios a la vez. Pero siempre hay alguno que te gusta que gane a los demás, hasta en los amistosos. Por eso, cuando el grupo del que me hice más o menos con 16 años, más de dos décadas después saca un disco como el que acaba de sacar saca la semana que viene, uno no sabe si ponerse de rodillas o subirse al techo de un coche a gritar. Un disco lleno de canciones nescafé, clásicos instantáneos, y frases que uno puede repetir cualquier día, como la que he puesto de título.

Este año aprovecharé para intentar hacer turismo musical, como en 2005 que aprovechando que el concierto de Roma era un sábado, le regalé a mi señora un viaje de fin de semana con entrada incluida. Maquiavelo me aplaudió desde la tumba. Este año intenté adelantar ese viaje al periodo promocional. Un concurso de un canal de televisión -no digo el nombre, estoy enfadado con ellos- premiaba con un viaje para dos a Londres este mismo fin de semana para ver al grupo en una actuación televisiva muy restringida. Había que mandar una foto del participante relacionada con el grupo y escribir un texto explicando porqué debía ser uno el elegido.

Jugué sucio. Empleé a un menor. Mandé una foto con mi hijo mayor, los dos con camisetas de la banda, enseñando la reciente portada de la revista Q, con un par de discos en la mano, y él con las gafas que daban en la película estrenada en 3D. Mandé un texto que visto retrospectivamente, con mirada de talibono retrospectivo, era más un Fez/Being born que un Beautiful day, que era lo que demandaba el concurso. El eterno debate ¿perder siendo fiel a un estilo o renunciar a los principios y ganar?. Lo tengo clarísimo, hubiera bailado La Macarena en el Telediario si eso me hubiera garantizado el premio. Ahora hubiera tachado un par de cosas, pero me sigue pareciendo bien. En fin, me salió un texto ligeramente críptico, con referencias para iniciados, y que al final le deja a uno reconfortado porque aunque perdimos, mantuvimos el estilo tácitamente. El que da por hecho que sus lectores son inteligentes.

“Podría dar una razón de imagen corporativa, creo que Rtve no habrá enviado a Londres mejores representantes desde Massiel en el 68. Nosotros en vez de La la la cantamos hey hey sha la la o si hace falta sha la la la de dei.

Pero hay otras razones. Como puede verse, en casa nos gusta U2. A mí me llaman Mc Guinness -el otro día oí rumores de que no era porque manejo todo el cotarro-. Mi hijo, en la foto, de mayor quiere ser The Fly. El pequeño quiere ser Mc Phisto. La parte de diablo ya la tiene bien encarada. No ha salido en la foto porque se ha ido a telefonear a Buckhingham Palace. Dice que va a avisar que a lo mejor el viernes vamos a cenar. Si le cuelgan canta Ultraviolet. Y, bueno, no sé si decirlo, no quiero que esto parezca chantaje emocional, pero … ¡es que The Fly me ha dicho que las gafas de U23D no se las piensa quitar hasta que no se lo diga Bono!”.

I guess that’s what they call him the Boss

octubre 10, 2008

Con título inspirado en canción de Elton John, me quiero referir al concierto que Bruce Springsteen dio en Barcelona, hace ya unos meses, el 20 de julio. En realidad dio otro el dia anterior, pero solamente pude ir a este. A Bruce le había visto hacía un par de años con la Seeger Sessions Band, y ya me había sacado una espinita que llevaba clavada, la de no haberle visto cuando pasó por aquí en 1988, en dos ocasiones, una con su E Street Band, otra compartiendo cartel con Sting, Peter Gabriel, el Ultimo de la Fila, Yossou N’Dour y Tracy Chapman en el marco del Amnesty Tour. Luego volvió a Barcelona varias veces, una incluso quedó grabada en un espléndido DVD. Pero en ninguna de esas ocasiones sentí demasiado el perdérmelo, al menos no tanto como en 1988.

El caso es que tenía ganas de una buena sesión de rock con full band. He podido ver en directo a la mayoría de mis artistas favoritos, y me faltaba ver a este grupo de gente que llevan ya más de 30 años, de hecho ya se acercan a los 40 haciendo música. Además, soy un moderado fan de Bruce, he comprado varios discos y DVDs suyos, conozco su discografía, pero sin excesos, me he centrado como con la mayoría de gente que me gusta en sus directos, y por eso hasta que uno no le ve en directo, a él especialmente, el círculo no se completa.

Tres horas de show, con muy pocos momentos de bajón, con un montón de grandes subidones, con falsas improvisaciones hechas muchas veces ya pero que tú te las crees, porque para él es como si lo hiciera por primera vez, con un magnetismo brutal, dominio de las masas, y complicidad con unas pantallas de realización exquisita que permitían vivir un montón de detalles.

Me faltaron algunos de mis temas favoritos suyos, pero no cambio el repertorio que me tocó por si acaso me quedase sin el principio brutal con ese 10th Avenue Freeze-out, la fantástica Rosalita siempre siempre magnífica, el American Land totalmente fiestero que me recuerda a Eurodisney y la atracción de Piratas del Caribe o un Spirit in the night cuya introducción aún me resuena. Sí, Bruce, I can feel the spirit.

Cantando en el coche

julio 10, 2008

Advertencia: hay unos jadeos iniciales en el video

Cantar en el coche es una sensación liberadora. Sobre todo cuando te sale sin querer. No suelo llevar música en el coche, porque no hago trayectos largos, y tengo la impresión de que los CDs allí se estropean. A veces oigo la radio, pero me suelen cansar, y mira que pruebo emisoras, pero cada una a su estilo, aunque sean gente muy diferente también es bastante cansina. Y las emisoras musicales tampoco me acaban de convencer. Hace años escuchaba mucho Radio 3. Luego me cansé. No sé si fue un salto generacional o estilístico, pero pasó de gustarme lo que hubiera cada vez que la ponía a ocurrirme todo lo contrario.

Pero a veces cojo algún CD, o me grabo una de esas recopilaciones caseras, y me lo llevo. Y lo pongo varias veces. En una de esas, a veces me pongo a cantar sin darme cuenta, sin darme cuenta hasta que ya estoy cantando, y son buenos esos momentos, porque suelen ser espontáneos, y cantas porque te sale del alma. Así es esa escena de Kevin Spacey en American Beauty. A veces hay escenas de canciones en los coches muy logradas, como la de Wayne’s world cantando Queen, y otras mucho más forzadas, como esa en donde Julia Roberts es una madrastra (uy!) y canta con los niñastros Aint’ no mountain high enough, prueba de que una buena canción no te garantiza una buena escena cantando en el coche.

TVE y el rock

junio 30, 2008

Está claro que para algunas cosas este país sigue siendo de segunda. Más de veinte años después aún me acuerdo de la penosa cobertura del Live Aid, evento único, entonces y ahora. Por más que hayamos ganado la Eurocopa, no hay que dejar eso tan español de cagarse en uno mismo, o en sus propias instituciones. En este caso, con toda razón. El otro día anuncia TVE el concierto de Neil Young (grandioso concierto, por cierto) en el festival Rock in Rio, que curiosamente no se celebra en Rio, ni junto a un río, sino en Arganda del R (la R es de Rey, no de Río). Vergonzosa retransmisión.

Anuncian conexión a las 0.15. Tenemos que aguantar entre 15 y 20 minutos, interrumpidos por un pequeño bloque publicitario, de sandeces cada una más grande que la anterior. Un tontito retransmitiendo un desmayo de un espectador de primera fila, otro tontito en el backstage riéndose de lo poco que aguantaba el desmayado, una tontita diciendo que sí, que bueno que a los que les guste Neil Young, es culturilla, y hay que verlo, pero que ella se va a la carpa dance. Vamos, como si antes de un partido de fútbol el comentarista -en tonillo sobrado- dice que él se va, que prefiere ver el voley playa, o el 1 de enero el enviado especial al concierto de Año Nuevo dijera que se queda fuera comiendo una tarta sacher porque eso de la música clásica es un coñazo.

Los locutores no dejaban de hablar, adelantandose al principio de la canción para anunciar el título, quitando ese pequeño placer que es descubrirla en sus primeros -o segundos- acordes, cayendo en clamoroso orsay víctima de los false friends: I appreciate it dijo Neil, y el locutor alborozado ¡lo aprecia, ha dicho que lo aprecia!.

Y para rematar la faena, la fascinante elección del target publicitario de las largas pausas. Tuve tiempo de apuntarme algunas marcas que no compraré jamás, como ese champú anticaspa que anuncia Kiko Narváez o ese automóvil que empieza con un combate de esgrima y acaba después de un plácido viaje en Paris, o en Berlin, me da igual -mi hijo mayor se indignó hace unos días viéndolo: “están peleando, y luego en un coche, eso no tiene sentido”, dijo-. Luego otro de mensaje odioso, niño con aparato en los dientes, madre superfina y segura. Después otros de estética chirriante, de politonos y herejías similares. Y el que me fascinó más: el del último disco de de David Civera. Como es sabido, igual que la mosca y el ser humano comparten base genética (me encanta eso de los ojazos de la Bergman), el 99% de los fans de Neil Young declaran que su segundo artista preferido es David Civera, y viceversa.

Música y niños

noviembre 19, 2007

No entré en el Gran Teatre del Liceu, toda la vida para mí el Liceo, hasta hace un par de años. Fue para ver una versión para niños de Pedro y el lobo. Luego volví a ver a Van Morrison, que bien mirado también tiene una vertiente así como de bruja de cuento, o de lobo. Sí había pisado en varias ocasiones otro lugar emblemático, el Palau de la música, para ver a gente diversa, desde Nina Simone a (ejem) Van Morrison; también he visto ahí algún que otro espectáculo infantil. Lo mismo con el flamante Auditori, o incluso espacios como el Casino de l’Aliança de Poble Nou donde ha tocado gente como Lambchop o Tindersticks, y que yo también he visitado un par de veces para ver espectáculos dirigidos al público infantil, que son como las películas que se hacen ahora para los niños, realizados con bastante cuidado, buen gusto, y guiños a los padres.

Ayer mismo estuve viendo una versión infantil de La Flauta mágica de Mozart, con una escenografía impecable -no en vano es de Comediants-, y ese número de los gorgoritos de la reina de la noche que tiene pocos que le puedan hacer sombra. Se pasa un buen rato viendo una obra estimulante. En todo caso, de todos los espectáculos que he ido viendo a lo largo de estos años, que ya son unos cuantos, me quedo seguramente con un concierto que era para niños, pero con toda probabilidad pensado especialmente para los niños de treinta años como aquel disco de Miliki. Era la orquesta de la ciudad de Barcelona, full band, interpretando música de películas de cine fantástico, puesta en escena muy sobria, y piezas gloriosas de Hermann como Ultimatum a la tierra o Fahrenheit 451, el clásico de Strauss que todos asociamos a 2001, o el plato fuerte, una suite de temas de La guerra de las galaxias, de John Williams, rematado con la orquesta en pleno a todo trapo tocando esas notas también inmortales. Entre los japoneses del público seguramente estoy yo.

Yesterday

julio 2, 2007

Ayer fui a un festival de esos de fin de curso. Una niña de unos 12 años tocó Yesterday. Es una de las canciones más baqueteadas de la historia, pero sigue emocionando cuando se toca con sinceridad, y sin ese halo cansino que a veces rodea a los clásicos. Sin cantar, solamente con la guitarra, allí toda concentrada, me puso la carne un poco de gallina. Y me acordé aquel día de finales de agosto de 1989 en que ví se anunciaba que McCartney venía a España, a Madrid, y pensé “iré”. Y vaya si fuí.

Un fin de semana que duró cuatro o cinco días, un recuerdo extraordinario de ese viaje, y sobre todo ese concierto, en el pabellón abarrotado viendo a Paul, que a pesar de ser un poco simplón a veces, a la hora de rockear tiene pocos rivales. Clasicazos de ayer y antesdeayer fueron desfilando, temas de los Beatles, de su etapa con los Wings, y hasta algunos del Flowers in the dirt, que era la excusa para salir a la carretera. Hubo grandiosos momentos, y uno de ellos fue ese Yesterday, seguido con silencio reverencial por el público, que siseaba para mandar a callar a los que hacían amago de cantarlo. Paul, su guitarra y nosotros. Ayer me acordé de ese momento, y volví a 1989.

 

I am Shelby Lynne

enero 23, 2007

En Paris desde el río, historieta inaugural de este blog, hacía una referencia final a Shelby Lynne, y a una canción, que hablaba de bateaux del Mississipi. Es relativamente grande el número de visitas que llegan aquí, vía buscador, atraídas por los cantos de sirena, de la sirena del Mississipi, así que aquí pongo este disco, uno de los que tengo de ella, pero creo que sin duda el mejor.

Conocí este disco a través de la revista Uncut, que en un número ya antiguo lo nombró disco del mes. Además, poco después o poco antes, regalaba un CD en el que venía una canción del mismo, Leaving, en un estupendo especial sobre Americana, y donde descubrí a gente como Calexico o Josh Rouse -lamentablemente, me centré en Shleby y me olvidé de él, aunque por fortuna lo rescaté más tarde.

No es su disco debut, pero sí una especie de reaparición por todo lo alto. Este era su sexto disco, y con él se llevó un Grammy al Best New Artist, que digo yo será mejor artista revelación. A mi juicio, en su totalidad, un disco excelente. Disfrútalo.

Crazy for Gershwin

enero 12, 2007

 

He ido a ver pocos musicales en mi vida. En España no es un género que se prodigue excesivamente, y honestamente durante algunos años tuve ciertos prejuicios contra el musical. Cuando era pequeño, y veía en TV esas películas con Gene Kelly, Fred Astaire, Ginger Rogers o Esther Williams, no me convencía demasiado eso de que de repente empezaran a cantar. Siete novias para siete hermanos o sobre todo West Side Story las recuerdo haber visto en el cine y haber salido muy contento, pero eso no eran musicales, era otra cosa. Sombrero de copa era el ejemplo de musical que no me gustaba. Poco a poco empecé a valorarlas más. El pirata de Vicente Minelli, por ejemplo, me entusiasmó cuando la ví.

Así, de una cierta hostilidad, a la prevención, poco a poco fuí evolucionando, y empezó a interesarme la música de Cole Porter, o de los Gershwin. La primera vez que tengo conciencia de haber indagado sobre quien era el autor de la música era con el Anything Goes de Porter que abre la segunda película de Indiana Jones. Luego unos pocos años después, el Red Hot &Blue, con las versiones de Cole Porter a cargo de gente de primer nivel. Lo de fijarme en Gershwin seguramente fue a partir de ver Manhattan de Woody Allen, una de mis películas favoritas.

Aún faltaba dar el siguiente paso, y este fue verlo en directo. En todo su esplendor, en un teatro en Londres, en unos palcos que costaron una fortuna para la época (eran 6.000 pesetas de 1994, si no recuerdo mal), pero desde los que veías a los protagonistas guiñar el ojo, o parpadear. Mejor materia prima imposible, interpretaciones excelentes, coreografía espectacular, y un libreto que a pesar de entender solamente de manera parcial, era algo así como un cruce entre una historia de los hermanos Marx con una de P.G. Wodehouse. Vertiginoso y con clase. Si os gusta esta música, podeis encontrar más información sobre Crazy for you y aquí su banda sonora, que entusiasmados, nos compramos al salir. Ahí están algunas de las mejores versiones de Gershwin que conozco, y eso que siendo estupenda no hace justicia a la espectacularidad del conjunto.

Mi primer no concierto

enero 2, 2007

En 1982 yo era demasiado joven para ir a ver a los Stones. Sobre todo teniendo en cuenta que ellos actuaban en Madrid y yo vivía en Tenerife. O sea que ir a verles era una quimera. Pero sí recuerdo perfectamente aquellos días, incluso la portada de El Pais Semanal, que aún guardo por ahí, con una frase de Jagger que decía algo como “los chicos de 18 años creen que uno es viejo a los 25. Yo tengo 39 y no les importa”. Ya tenía conciencia de estar ante un gran acontecimiento. Realmente, lo sentí como mi primer no concierto. Tuve que esperar para verlos a 1989.

El segundo fue la visita a Barcelona de The Police en septiembre de 1983. Ya vivía en Barcelona, pero supongo que debido a las largas vacaciones de aquella época, poco menos que me enteré cuando ya habían pasado. Tampoco era consciente de que se iban a separar, así que en ese momento a pesar de que era probablemente mi grupo favorito, no me supo tan mal como el de los Stones. Supongo que el primer no concierto es el que deja más huella. Aunque hubo más, Queen en el 86, Pink Floyd, Springsteen solo y el Amnesty Tour en el 88 …

He leído hoy mismo que a lo mejor The Police se juntan para tocar en directo de nuevo. Aunque sea una gira de colección de greatest hits, y lleve el subtítulo Todo por la pasta, no me los perdería. Eso sí, a Sting le ví en 1986, debutando (yo, él ya estaba más curtido) en eso de los conciertos en directo. De todos modos en aquellos 80, haber visto a Peter Gabriel y su gira del So, U2 presentando el Joshua Tree en Madrid, Bowie y su Glass Spider, o el Macca en Madrid en 1989, me llevan a concluir que por cada no concierto suele haber más de un concierto para recordar.