Archive for the ‘Pásala que estoy solo’ Category

Flintoff

septiembre 18, 2009

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Los ingleses son raros. Eso lo sabe todo el mundo, y hay un montón de ejemplos. Conducen por el lado equivocado, el agua caliente no sale por el grifo donde pone C, tienen enchufes especiales y juegan al cricket. El cricket es un deporte de lo más extraño. De entrada ya cuesta encuadrarlo en un género. Es una especie de beisbol para pijos, pero me da que con unas reglas aún más complicadas. Ellos mismos lo dicen, en el cricket es tan importante o más lo que se comenta durante el partido que el juego en sí. Una excusa para que la gente se reúna y hable, y mientras  ven de reojo algo que les distrae. Aún así, no solamente es un deporte para mirar -o no mirar-. La gente juega en los parques, lo que no deja de ser una estampa curiosa, sobre todo porque se ve el ceremonial que hay detrás. Entre esas dos imágenes, la de calle y la de estadio, apenas cambia nada, los jugadores podrían estar intercambiados, y no se notaría la diferencia.

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Durante este verano, el cricket estuvo en primera página de la prensa continuamente, compartiendo protagonismo con la swine flu, que es como ellos llaman a la gripe A. Resulta que se jugaba una cosa que se llama The Ashes. Una competición entre Inglaterra y Australia, que se enfrentan entre sí un montón de veces. Por lo que deducía de mis lecturas esporádicas, aunque es bastante posible que me equivoque, había una serie de amistosos previos y luego la competición propiamente dicha, que se prolongaba durante varios días. Me llamó la atención una imagen que se repetía constantemente, sin duda una foto icónica, la de Flintoff, héroe nacional, aunque creo que se perdió los partidos decisivos. En línea con lo desconcertante que es todo lo que rodea al cricket, Flintoff se llama Andrew pero todos lo llamaban Fred, o Freddie. Me acabé enterando de la razón: Flintoff suena como Flintstone, así que nuestro héroe fue rebautizado como Fred … o sea Pedro Picapiedra.

Como corresponde a cualquiera que quiera ser un mito, arrastra un historial en el que se mezclan bajones y subidas. Por supuesto, excesos con el alcohol, también bastantes lesiones, que amenazan su carrera. Parece que le van a retirar pero siempre acaba volviendo. Supongo que de todas esas cosas se acaba construyendo la leyenda. Estoy seguro que cuando se haga un repaso del verano de 2009 saldrá esta imagen de Freddie arrodillado, con un aire de suficiencia, con esa arrogancia tan british. Eso sí, yo sigo sin saber nada de cricket.

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The Damned United

septiembre 13, 2009

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Pensaba reaparecer -de verdad.- hablando de cricket, pero de momento sigo con el fútbol. Este verano era un best seller en las librerías inglesas una biografía de Brian Clough, versión bolsillo en la que se basa esta película. Brian Clough, diría cualquier aficionado de nivel medio alto, fue entrenador del Nottigham Forest (con Peter Shilton y Trevor Francis de grandes baluartes) que campeonó en Europa dos años seguidos, a finales de los setenta y principios de los ochenta entre el estupor de todos. Pocos años antes estaba en Segunda. Poco más hubiera podido decir yo de Clough hace un par de meses, de hecho hace un par de días. Me descargué, sin saber que iba sobre él, The Damned United, que explica su breve trayectoria al frente del Leeds United, el equipo que estaba en la cima del fútbol inglés en los primeros años setenta. Y es que entre el ManU de Best y el Liverpool de Keegan y luego Dalglish, hubo unos años donde el que dominaba el cotarro era el Leeds. Como en una sesión de hipnosis, mientras veía la película recordaba que el equipo que eliminó al Barça de Cruyff -jugador- en semifinales de Copa de Europa fue el Leeds United, en una noche de Sant Jordi en 1974. Luego en la final se cruzaron con el Bayern, y no hase falta disir nada más.

La película me pareció muy buena, muy entretenida. Los ingleses tienen una gracia especial para hacer esas ambientaciones setenteras sin que parezcan astracanadas -Billy Elliot, otro gran ejemplo-. Tienen también una manera de narrar, de crear las leyendas, de contarlas … El caso es que uno se encuentra al joven Cloguh y no puede evitar recordar a Mourinho, un tipo arrogante, que nunca se equivoca, obsesionado con medirse -provocando el enfrentamiento si es menester- con las grandes vacas sagradas. A diferencia de The Special One, Clough si tuvo una carrera como jugador, aunque se vio obligado a retirarse prematuramente por una lesión. Mmm, me acuerdo de un caso parecido, Javi Clemente otro entrenador de aparición fulgurante, joven, arrogante y triunfador. Una de las mejores cualidades de la película es como cuenta la relación de Clough con su segundo, Peter Taylor, encarnado por el actor Timothy Spall, un secundario de lujo, con aspecto de antigalán pero que siempre te sostiene una escena (todos de pie, que veo que empezó su carrera actuando en Quadrophenia). Me recordó a alguna de esas parejas de banquillo que parecen hechas para toda la vida, aún después de romperse, como la de Johan y Charly. El papel de Clough lo interpreta Michael Sheen, que ha aparecido por ejemplo en la reciente Frost/Nixon, y poco antes en la estupenda The Queen de Stephen Frears, haciendo el papel de Tony Blair, de quien me acordé demasiadas veces viendo esta película, que por ponerle algún pero flojea un poco en algunas escenas de vestuario … más que nada porque no sé  si en los setenta las plantillas eran tan cortas. Creo que no. En todo caso, cuando me pregunten por una película de fútbol, sobre el fútbol, pienso citar esta entre las primeras. Por cierto, la inspiración no vino sola. Ya en la Zona (Cesarini, of course) de esta entrada le devuelvo a Hele la apropiación de ideas.

La zona Cesarini

junio 3, 2009

Hace unas semanas, en una de esas charlas que tiene con los lectores, alguien le preguntaba a Enric González si pensaba escribir algún día sobre Cesarini. Él preguntó si era el de la zona, y dijo que lo apuntaba. Me intrigó eso de la zona y Cesarini, y busqué un poco. Hace unos años me gustó mucho una serie titulada El partido del siglo, emitida en Canal plus dirigida por Elias Querejeta, y con participación activa de gente como Santiago Segurola y Jorge Valdano. La condición para estar ahí era que fueran ex jugadores (por eso no estaba Maradona, en ese momento aún semiactivo), y que estuvieran vivos.  No sé si Renato Cesarini (1906-1969) hubiera estado en una selección así en caso de haberse hecho un partido de la primera mitad del siglo, del siglo pasado, pero por lo que leo parece que sí. No tenía conciencia de haber oído hablar de él. Ahora estoy seguro de que sí, porque desde que reparé en él le he oído nombrar más de una vez. Sin ir más lejos, precisamente leo hoy a cuenta de la intromisión del señor Kaká senior en el fichaje de su hijo una frase que acuñó Cesarini y que parece que recuerda a veces Alfredo Di Stefano: “No hay peor cosa que bailarina con mamá y jugador con papá”.  Supongo que es una cuestión generacional, porque sí me sonaba gente con una trayectoria vital parecida a la suya, como Schiaffino, Ghiggia o Sivori, argentinos o uruguayos que triunfaron en Italia, pero todos ellos nacieron al menos un par de décadas después.

A juzgar por las numerosas referencias parece que ya lo sabía todo el mundo, menos yo. Cesarini se especializó en marcar goles en los instantes finales de los partidos, especialmente significativo fue uno con Italia, que dejó perplejo al periodista que bautizó el fenómeno como caso Cesarini. Luego, en una evolución de la expresión pasó a llamarse  zona Cesarini, denominación que parece que ha trascendido hasta el punto de usarse no solamente en relación a partidos de fútbol, sino a eventos deportivos en general, e incluso en otros ámbitos de la vida, como sinónimo de in extremis. Recuerdo ejemplo menos épicos, aunque también fubolísticos, de metonimias así. Stefan Effenberg, sustituído en un partido con su selección durante el Mundial de Estados Unidos le enseño el dedo índice levantado a su entrenador. En Alemania a ese gesto se le llamó un tiempo, ignoro si se ha mantenido, hacer un effenberg.

Cesarini hizo el camino de ida y vuelta, en realidad dos vueltas completas. Nació en Italia y se crió en Argentina. Luego emigró al viejo continente. En los años 30 hizo carrera en la Juventus y fue internacional con la selección italiana, aunque su último partido lo jugó unos meses antes de la Copa del Mundo de 1934, ganada precisamente por la squadra azzurra. En su regreso a Argentina llegó a jugar en River, donde poco después, en labores técnicas, fue uno de los forjadores de la famosa máquina, esos que en los primeros años 40 formaban una delantera de ensueño, además con nombres de enumeración deliciosa. La cadencia, el ritmo ayudan sin duda a crear la leyenda: Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau.  El equipo de referencia del joven Di Stefano, que llegó a jugar con algunos de ellos. De este último artículo  me guardo una frase del Pipo Rossi, también integrante de esa orquesta: “Quien no pasa la pelota al pie es mala persona”.

Eppur si muove

mayo 10, 2009

Si Leonardo viviera hoy en día, yo creo que le gustaría el fútbol. Y a Galileo también. Así que aunque no tenga mucho que ver, o a lo mejor por eso, se me ocurre esta frase, “y sin embargo se mueve”. Ahora mismo debería estar de camino al campo, pero he dejado que otros disfruten que también se lo merecen. Con independencia de lo que hagamos en los próximos partidos -que no lo sé pero estoy seguro de que será bastante bueno- ya puedo afirmar que algunos de los mejores momentos de los últimos días me los han dado ellos. Y yo me pregunto, ¿a mí qué más me dará que veintidos tíos corran detrás de una pelota -de un balón redondo por usar una expresión relativamente común-?. Pues sigo sin saberlo bien, no es un tema meramente estético, hay un montón de cosas más bonitas. Tampoco es que me afecte demasiado personalmente. Quiero decir, yo no juego, ni nadie que yo conozca. Los jugadores son todos más jóvenes que yo. Creo que debe hacer un año  desde que se retiró el último jugador de primera que era mayor que yo. Hasta el entrenador de mi equipo es un poco más joven que yo. Eso me aleja un poco de ellos. Los ídolos de uno tienen que ser mayores que uno. Es una ley natural. Por eso me alegra de que mis músicos favoritos sigan en activo, y me sigan llevando 9 años o 18.

Otro día hablaré de que el fúbol pese a su inmutabilidad, sí se mueve. A su ritmo. De que las cosas que eran esenciales en un momento concreto luego dejan de serlo. Ahora se juega con quince o veinte balones. No hace tanto, para cambiar el balón había un conciliábulo en medio campo del que formaban parte capitanes, árbitro y algún otro que se colaba en la reunión. El año que viene apuesto a que habrá más equipos que viajen el mismo día del partido. También hablaré -las teorías conspiratorias no pueden faltar- sobre las mentiras de las estadísticas, calculadas siempre sobre 90 minutos cuando es sabido que los partidos duran unos cuantos más. ¿Record de imbatibilidad de 540 minutos? Ja.

Esta entrada ha sido escrita de un tirón, en unos veinte minutos, oyendo la previa, y con un extraño pero agradable -y hasta cierto punto absurdo- cosquilleo en el estómago. En un momento empezará el partido. Galileo hubiera mirado fijamente la pelota, y al sonar el pitido inicial hubiera podido pensar eppur si muove.

Pep Guardiola y la táctica de Iñigo Montoya

enero 30, 2009

Esto de las rotaciones no es nuevo. Lo han practicado con mayor o menor éxito diferentes entrenadores. Unos utilizan esa expresión con naturalidad, como dando a entender que es una filosofía de vida. Benítez, por ejemplo, al que acusaba la pérfida prensa albion de marear a los jugadores. Otras veces, los cambios de cuatro jugadores de un partido a otro se apoyan en la imprevisibilidad. Estoy convencido de que Johan y Charly preparaban las alineaciones la misma mañana del partido. Leían los periódicos, y luego sacaban un equipo que no hubiera dicho absolutamente nadie. Me los imagino descojonados, ”este no la asierta ni uno”, diría el Profeta.

Lo de Pep no sé muy bien a qué obedece. A lo mejor hay estudios exhaustivos de los parámetros biométricos de cada jugador, que además reflejan exactamente qué día y a que hora conviene a un jugador estar en el campo, en el banquillo en la grada o en su casa. Pero me parece que lo de las rotaciones del Barça actual es algo más sofisticado y simple a la vez. Consiste en no sacar lo mejor de tí hasta que el enemigo se haya confiado. No dar por tanto un once titular fijo, sino irlo cambiando como en una ruleta.

Es la táctica de Iñigo Montoya. Sí, el de “hola me llamo Iñigo Montoya, tu mataste a mi padre, prepárate a morir”. Esa táctica consistía en dar ventaja al contrario. Luchaba con la izquierda, y al cabo de un rato revelaba el secreto. No soy zurdo, decía, y machacaba al desconcertado rival. Claro que eso le servía con los españoles como él. Si embargo cuando se encontró al pirata Roberts, patrocinado sin duda por multimillonarios rusos o americanos -y encima con un capitán escocés al mando- el truco le sirvió de poco. Roberts también lo aplicaba y lo noqueó. Por eso, hay que tener cuidado, que una cosa es dar un poco de ventaja, y otra es jugar con una mano y un pie atados. Eso es lo que pasa si de golpe pones a 6 que nunca juegan juntos.

Miremos el lado positivo. Un efecto colateral es que en el futuro, cuando se recuerde al Barça campeón de 2009, los niños recitarán de carrerilla la alineación ganadora, no de 11 sino de 15 o más: Valdés Alves Puyol Piqué Marquez Abidal Touré Xavi Iniesta Keita Busquets Gudjohnssen Messi Henry y Etoo.

Mandaron los blancos y admiró el negro

noviembre 14, 2008

La Vanguardia ha puesto su hemeroteca en internet. Una gran noticia, porque uno tiene acceso a la Historia, con mayúsculas, tal como ha sido contada durante más de 100 años por este periódico. Un poco por casualidad, reparé en el artículo dedicado a una victoria del Real Madrid en el Camp Nou por 0-2 en 1980.

Ese partido se recuerda por dos cosas, una por la previa, en que el president Tarradellas intervino en una disputa entre ambos clubes, o mejor dicho sus presidentes, con abrazos incluídos. Puede verse en la crónica como se destaca su asistencia al partido y que recibió en pie aplaudiendo a los visitantes. En aquella época cuando el President asistía al Estadi ponían Els Segadors, y la gente cantaba emocionada. Claro, que solamente hacía cinco años que había muerto Franco, y aquello tenía sentido.

La otra cosa que se recuerda es la exhibición que dio Laurie Cunningham, rapídísimo delantero, efímera figura del Real Madrid, que vino del West Bromwich Albion inglés, y que luego también jugó en el Sporting de Gijón y el Rayo Vallecano. Murió en accidente de coche en Madrid en 1989.

El caso es que durante muchos años se ha recordado esa exhibición, por lo que fue en sí misma, pero además porque fue reconocida con una cerrada ovación del Camp Nou. Algo así como el Bernabéu aplaudiendo a Ronaldinho el día del 0-3, pero sin la icónica (?) imagen del señor de bigote. Ah, y eso que reconociendo la superioridad madridista, se destaca que el árbitro se tragó un claro penalty a favor del Barça.

La crónica es curiosa, sobre todo por el titular, que sería impensable hoy día, así como otras referencias al negro blanco. Lo decía La Vanguardia, periódico siempre moderado. Hoy en día un titular así solamente lo veríamos en alguna bitácora libertaria en la red. Es curioso lo mucho que han cambiado algunas cosas. Vale la pena leer la crónica, pero para los más perezosos dejo dos momentos destacados:

Se equivocó el árbitro. Esto es indudable. Sin embargo, también erró el colegiado al no expulsar durante el primer tiempo a Zuviría, todo un “marrullero” del fútbol que, con demasiada frecuencia ya, empieza a dejar en mal lugar la buena imagen del Barça. Porque Zuviría, que intentó cazar una y mil veces a Cunningham y que una y mil veces fue ridiculizado por el negro blanco…

Y en cuanto a Cunningham, ya ha quedado dicho que hizo lo que le vino en gana con Zuviría, con Migueli y con todo aquel que intentó inútilmente interponerse en su camino. El inglés demostró en el Estadio que es un excepcional futbolista, y así lo reconoció, con sus aplausos, el público azulgrana. – Alfonso Soteras


Tiempo de fútbol

junio 6, 2008

En el verano del 2002 durante el Mundial de Corea y Japón me cabreé bastante. Más que nada por que era un Mundial semiclandestino, con horarios infames y en buena parte de pago, además en una plataforma que no era la mía. Recuerdo ducharme por la mañana mientras oía cronicas de lo que había pasado la madrugada anterior, pasarnos el día entero oyendo lo mismo, con las previas a las 12 de la noche, o ver partidos antes de la hora de comer. Todo eso era totalmente antinatural. Así que cogí el libro de Nick Hornby Fiebre en las gradas, y me reconcilié con el fútbol. Porque ese libro representa muy bien lo que es ser hincha, el amor a los colores, la -alta- fidelidad. Incluso, como parte de la terapia, empecé a escribir mi propia Fiebre en las gradas -versión de bolsillo-, pero eran malos tiempos, un poco depresivos, en pleno periodo gaspartiano. Creo que ahora puedo retomarlo y cubrir el último quinquenio.

Ahora vuelve la Eurocopa. Descubriremos nuevos jugadores, gente que pasa más o menos desapercibida, salvo para los grandes especialistas, de los que cada vez hay más -cosas de la globalización-. Tipos que se destapan en una gran competición, y que dejan esa huella que luego será difícil borrar. Aunque luego hayan defraudado. Yo recuerdo a Ronald de Boer en el Mundial de Francia, y ese era un pedazo de futbolista. El que vino al Barça sería el tercer hermano.

La Eurocopa me causa en general muy buenos recuerdos. Desde aquella francesa que empezó en diciembre de 1983 con la épica goleada a Malta, y continuó en verano con esos goles de Maceda, o los grandes paradones de Arconada, con aquel Portugal de tíos melenudos y bigotudos … con un tipo genial de nombre Chalana a la cabeza o el mismísimo Platini, que completó un torneo brillante. También me acuerdo mucho de los holandeses en el 88, los recuerdo especialmente sentados en una especie de grada, pateando el suelo celebrando el título. Pero más allá de eso, era un equipazo. Con la columna vertebral del gran Milan de Sacchi mas Ronald Koeman, Wouters, Vanenburg o el portero Van Breukelen, había grandes mimbres para hacer un super cesto. Deben ser cosas de la edad, pero recuerdo mejor esas Eurocopas que las más recientes. Bueno sí, hay momentos memorables posteriores, como un gol de Alfonso a Yugoslavia en 2000 o Zidane dando una exhibición ante la defensa española en lo que Segurola describió como un hombre jugando contra niños. Curiosamente ese partido nos mandó a casa fallando un penalty, como cuatro años antes en Inglaterra. Vaya, pues sí, me acuerdo de más cosas de las que pensaba.

En realidad a mí no me gusta el fútbol. Todo esto era una excusa para poner a Marilyn haciendo el saque de honor. Preciosa foto de un señor llamado Bob Henriques en un partido amistoso entre los EEUU e Israel en Nueva York en 1959. La pongo en dos versiones porque el plano completo permite apreciar el traje ceñido que dificulta ese centro templado, y el plano corto la belleza de la Monroe a la que se añade el detalle de las caras de los circundantes. Desde luego, si yo fuera entrenador, de cualquier equipo, de cualquier cosa, Norma Jean sería siempre titular.

Dime porqué los domingos por el fútbol me abandonas

octubre 8, 2007

Siempre me gustó esa letra, versión traducida interpretada por Gelu de una canción de Rita Pavone que en italiano dice lo mismo. Lástima que hace mucho que no se cumplía. Ayer fui al fútbol, en horario de la época de la Pavone, las cinco de la tarde. Aunque no hablaré del partido, sino de ir al fútbol a esa hora.

De entrada, es todo mucho más natural, es decir, el fútbol de dia (parece que) se juega para los van al campo, y no con esos focos que le dan un aire de espectáculo televisado, un gran plató del que los aficionados que van a verlo en directo son meros figurantes -en realidad es así-.

El Barça no jugaba en casa a las cinco desde hace más de dos años, desde la primavera de 2005, contra el Betis. Llegó a ir perdiendo 1-3, pero en el último minuto pudo empatar 3-3. Fue el primer partido que llevé a mi hijo al campo. Mi primer partido como hijo en el Camp Nou también fue contra el Betis. Creo que fue el último partido que jugó Krankl con el Barça, así que ha llovido. Perdimos 1-3.

Cuando en la versión 2005 íbamos 1-3 pensaba que esa simetría tendría algún significado cósmico. Al empatar a tres pensé que el mensaje era que las cosas iban a mejor, que la generación siguiente siempre mejora a la anterior. La señal divina había cambiado radicalmente en unos minutos. El caso es que en el fútbol hay que hablar siempre a posteriori, sobre seguro, sabiendo el resultado, y de ese modo sirve cualquier interpretación, por peregrina que sea.

En fin, ya me perdonaran -os trato de usted porque ahora dudo si perdonaréis lleva o no tilde- por la disgresión, pero es que ese horario es tan evocador como hablar del UHF o del Naranjito (en esa época se cantaba aquello de “el sol ilumina el estadio”, cosa imposible en esta época de focos). Peco de ombliguismo, ciertamente, porque muchos equipos sí juegan a esa hora.

En todo caso, esa imagen de sol y sombra, ese olor del puro -agradable mientras no lo tengas justo delante-, esa sobremesa de domingo con dosis extra de adrenalina, una buena bronca al árbitro -ayer se llevó un par- solamente se conciben un domingo a las cinco.

Por qué, por qué… los domingos por el fútbol me abandonas
no te importa que me quede en casa sola.
no te importa
por qué, por qué… no me llevas al partido alguna vez!

Quizas quizás… tu me mientes al decir que vas al fútbol
es seguro que lo empleas como escusa
es seguro
quizás quizás… yo me entero alguna vez de la verdad!

Te seguiré y comprobaré si con otra vas,
no me engañarás
contigo iré y si no es así, tu verás…
con mama, mama, mama volveré!

Veo que el video de Gelu no está disponible, lo dejo en el encabezamiento y pongo aquí a Rita Pavone

Paddle

marzo 28, 2007

 

Hace poco me estrené como jugador de paddle. Siempre había mirado con cierto recelo este deporte, me parecía un invento del estilo del badminton, y cosas poco serias del mismo calibre. Que nuestro anterior Presidente del Gobierno fuera un entusiasta de este deporte no ayudaba mucho. Cuando oía la palabra, me acordaba siempre de una cosa que explicaba mi padre, que en su época al biscuter lo llamaban el sin-sin. Sin pelas para comprar un coche, sin cojones para comprar una moto. Pues a mí el paddle, de lejos, me parecía una especie de sin-sin, entre el tenis y el ping pong. Me sigue molestando no saber cómo se escribe exactamente: padle, paddle, pádel … Se mire por donde se mire, eso es poco serio.

Hace unos meses nos hemos hecho socios de un sitio donde podemos ir a nadar, hay tenis … y pistas de paddle. Pero la culpa fue del Decathlon. Con esos precios y esa variedad enorme de artículos es imposible entrar allí y no salir cargado. La excusa era un bañador, pero la tentación del paddle se apareció en forma de raquetas muy baratas y claro, una cosa llevó a la otra.

Y el veredicto es un pulgar hacia arriba.  Es entretenido, no es ni mucho menos tan cansado como el squash, que aparte de pasado de moda es un deporte un poco contranatura, y es una buena alternativa al tenis. Se hace ejercicio, se suda un poco, que también se trata de eso, y en definitiva se pasa un buen rato. Larga vida al biscuter, viva el paddle.

El maravilloso mundo del fútbol infantil

febrero 25, 2007

En los Estados Unidos son famosas las llamadas soccer moms, que acompañan a sus hijos a los entrenamientos y partidos. Aquí como el modelo monoparental aunque extendido no es la regla general, vamos a referirnos -al menos en el título- a los verdaderos protagonistas, los niños. Cuando yo era pequeño jugaba en un equipo del colegio. No recuerdo que me vinieran a ver nunca mis padres, ni los de los demás. No había ese componente actual de mega show para toda la familia.

Mi hijo mayor es futbolero. Hace poco ha cumplido siete años, aunque creo que hasta los cinco o así no empezó a interesarse. Nunca fuí de esos padres que tratan, apenas empieza a andar, de inculcarle el vicio. Como en casi todo, pensé que lo mejor era que fuera él el que decidiera el momento de subirse al carro, si es que ese momento llegaba. Después de Navidades, casi de un día para otro, llegó el momento. Fichaje de invierno. En el poco tiempo que llevo en esto he aprendido que hay una cierta irregularidad en los resultados: 1-8 (en contra), 0-13 (a favor), 4-6 (a favor), 0-3 (en contra), 0-3 (a favor) 1-3 (en contra). Visto así responde a una lógica, ganamos fuera, perdemos en casa. Y a una premisa: en el fútbol infantil no hay enemigo pequeño, o mejor dicho no hay enemigos, y todos son pequeños.

El efecto colateral de todo esto es que mis sábados por la mañana quedan hipotecados, al menos en época de partidos. Tampoco es que hiciera nunca nada del otro mundo, y siempre nos podemos turnar, o aprovechar la mañana si juegan pronto, pero esa es la sensación que predomina. Y luego ejemplos concretos más dramáticos. El sábado pasado por ejemplo, madrugué, me levanté antes de las ocho de la mañana para ir a jugar, o a ver jugar, bajo una lluvia torrencial. Por suerte jugábamos fuera, así que ganamos 0-3. Yo, bueno él, metí el primer gol.